Telegram, herramienta de comunicación política

May 05

Telegram, herramienta de comunicación política

La última moda de la comunicación política es Telegram. Si en las últimas elecciones, tanto autonómicas y municipales como las nacionales (y de otros países como Uruguay, India o Brasil) asistíamos a la invitación de los candidatos a charlar con ellos a través de Whatsapp, en los últimos meses ha proliferado el uso de Telegram.

Pero, ¿qué es esta aplicación? Se trata de  un servicio de mensajería multiplataforma por internet -teléfono y ordenador- para enviar y recibir mensajes (texto, documentos, multimedia) estrenado en 2013. Pero no es sólo un sistema de comunicación bidireccional, sino que también permite canales de comunicación unidireccional. La principal diferencia con Whatsapp es la seguridad y privacidad que ofrece –algo muy valorado en política- ya que posee una arquitectura interna que lo vuelve menos vulnerable a los ataques externos. Además permite chats secretos, mensajes que se autodestruyen, canales y grupos, el uso de gifs animados y stickers personalizasos entre otras funcionalidades.

Aunque esta aplicación viene siendo utilizada desde hace tiempo por partidos y algunos políticos, se hizo popular entre el gran público gracias al tira y afloja negociador entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias cuando desde Podemos informaron de la situación a través de este mensaje: “Os comunicamos que Pablo Iglesias ya ha contactado con Pedro Sánchez. Iglesias le ha mandado un mensaje de whatsapp y Sánchez ha respondido vía telegram. En el intercambio han quedado en hablar a lo largo del día de hoy”.

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¿Puede permitirse España estar un año paralizada? Consecuencias de la ausencia de gobierno

Abr 21

¿Puede permitirse España estar un año paralizada? Consecuencias de la ausencia de gobierno

Las elecciones del pasado 20 de diciembre no han supuesto una segunda transición política como prometían algunos partidos ni parece que vayan a propiciar tampoco el cambio sino, salvo sorpresa de última hora, todo lo contrario, es decir, parálisis y la convocatoria de unas nuevas elecciones, tras cuatro meses de negociaciones.

Esta situación es nueva para España y nos introduce, con dudoso honor, en el ranking de países que más tiempo han permanecido sin gobierno: Bélgica, que estuvo 541 días desde las elecciones de 2010 -y en 2007 ya tardaron otros 197 en formar gobierno-; Camboya, 353 días en 2003; Irak, 289 días en 2010; u Holanda, 208 días en 1977 y, más recientemente, en 2003, 129 días; por no hablar de la inestabilidad italiana, que en los últimos veinte años ha tenido once gobiernos y diez jefes de gobierno.

A lo largo de estos meses, comparando nuestra situación con la belga, entre jocoso e irónico, se ha comentado que esta carencia de gobierno no es para tanto y, de hecho, en Bélgica, tras año y medio sin políticos al frente, bajó la tasa de desempleo, subió el salario mínimo interprofesional, su PIB se incrementó y se redujo el déficit y la percepción de la corrupción.

Sin embargo, España no es Bélgica y mucho nos tememos que la convocatoria de nuevas elecciones, que arrojarían según las encuestas unos resultados similares a los del 20D (o un empatado realineamiento ideológico), y un nuevo proceso negociador pueden dejar a España cerca de un año sin un gobierno al frente. ¿Qué consecuencias conllevaría esto para nuestro país? Sin ánimo de ser exhaustivos, aquí reflejamos algunos efectos que, de hecho, ya se están produciendo:

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2016, ¿el año del cambio?

Abr 05

¿En qué acabarán las negociaciones entre los partidos políticos? ¿Habrá un acuerdo definitivo y tendremos gobierno en las próximas semanas? ¿Tendremos que ir a votar otra vez los españoles en junio?

En este post me hago eco del informe elaborado por la consultora de comunicación y relaciones públicas Evercom, en el que he colaborado. Desde el Área de Asuntos Públicos de Evercom, como ya es tradición, se ha elaborado este nuevo informe analizando los numerosos frentes abiertos en el panorama político actual y sus posibles escenarios futuros.

En él encontrarás, de manera desgranada, las diferentes estrategias contempladas por cada partido, los posibles pactos o el modo en el que cada formación está encarando una posible repetición de las elecciones generales, entre otros aspectos. No nos hemos olvidado tampoco de los próximos comicios en Galicia y País Vasco y de cómo Cataluña comienza una etapa de desbloqueo y normalización política e institucional.

Puedes acceder al informe a través de este enlace: 2016, ¿el año del cambio? Panorama actual y escenarios futuros de la situación política en España.

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Libro en crowdfunding: Política en serie. La ficción que inspira al poder

Feb 23

Libro en crowdfunding: Política en serie. La ficción que inspira al poder

Desde hace tiempo comparto a través de las redes sociales mi afición por las películas y series sobre política con algunos amigos compartiendo títulos, estrenos y recomendaciones.

Hace unos meses, los amigos Julio Otero y Diana Rubio me comentaron que querían trasladar esa afición a un libro en el que varios autores hablaríamos de aspectos de la comunicación política en las series de televisión. Encantado con el proyecto, hoy está a punto de ver la luz gracias a Libros.com y una campaña de crowdfunding para intentar hacerlo realidad.

El libro #PolíticaEnSerie. La ficción que inspira al poder es una obra coral que analiza cómo importantes aspectos actuales de la comunicación política se ven reflejados con nitidez en algunas de las series más exitosas del panorama televisivo mundial. Partiendo de la figura del asesor, los autores demuestran cómo, en ocasiones, la ficción televisiva es el mejor espejo de lo que sucede en gobiernos y medios de comunicación. Son dos mundos que se retroalimentan. Y es que en sus páginas también encontramos ejemplos increíbles de hasta qué punto las series se han anticipado a la propia realidad.

Es un verdadero honor escribir en este libro y compartir páginas con otros consultores y amigos a los que admiro como Julio Otero, Diana Rubio, Toni Aira, Xavier Peytibi, Santiago Castelo, Juan Carlos Calderón, Imma Aguilar, Begoña Gozalbes, María Vázquez Lorca, Fernando Cuñado y Eli Gallardo. En mi artículo abordo algo que está de máxima actualidad en España como son los pactos.

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No ponga un gurú en su campaña. Decálogo para identificar al mal consultor político

Feb 15

No ponga un gurú en su campaña. Decálogo para identificar al mal consultor político

El papel del consultor político es fundamental en todas las facetas de la actividad política, desde las campañas electorales hasta el trabajo gubernamental. El consultor político es el experto que asesora profesionalmente a un candidato político o a un cargo público, y le podemos encontrar en variados perfiles: consultor electoral, de imagen, jefe de campaña, de gabinete, de prensa, director de comunicación, coach, analista demoscópico, etcétera.

Como en todos los ámbitos de la vida y en todos los trabajos, nos encontramos con magníficos profesionales, pero también, por desgracia, con intrusos, charlatanes o vendedores de humo que desprestigian la profesión y la política. En este artículo pretendemos desenmascarar a aquellos que van por la vida de “gurús”, y lo único que hacen es alejar al político de sus ciudadanos (sin advertir que el rey va desnudo, como en el cuento de Andersen El traje nuevo del Emperador), guiado sólo por sus propios intereses.

Por ello proponemos este decálogo para identificar al mal consultor político y desmitificar su figura:

  1. Ha sido asesor de Barack Obama, por supuesto. En el mejor de los casos pudo trabajar de voluntario en su campaña y hacerse una foto con él, o quizá le mandó un correo electrónico con cuatro ideas teniendo la suerte de que acusaran recibo del mismo, lo cual justifica su repentina subida de caché como consultor. El buen consultor político es modesto y veraz.
  2. Ha trabajado en casi más campañas electorales de las que se convocan. Para desempeñar un trabajo profesional hay que conocer al candidato, empaparse del contexto económico, político y social de los comicios, investigar… sobre todo si eres un consultor internacional, por lo que se antoja complicado que puedas trabajar en más de cinco citas electorales al año. El buen consultor político es responsable y coherente.
  3. Presume constantemente de los clientes a los que ha asesorado. Una cosa es que se sepa, que en este mundillo nuestro tan especializado se sabe, y otra es que vayas pregonando para quien trabajas, como si fuera un “trofeo”. El consultor debe ser discreto y no alardear de clientes para los que ha trabajado, por la simple razón de que a muchos políticos no les gusta reconocer que han recibido ayuda y les gusta atribuirse todo el mérito. El buen consultor político demuestra integridad profesional, confidencialidad y evita el conflicto de intereses.
  4. La política no es una serie de televisión. Ahora que tan de moda está la ficción política y muchos sueñan con ser Josh Lyman, Kasper Jull o Kitty O’Neill, hay que recordar que la política no es tan glamurosa como las series nos hacen ver. La ficción de la pequeña pantalla necesita ser interesante para atraer al espectador planteando intrigas de sexo y poder al más alto nivel que se solucionan de forma trepidante. La política real es menos efectista y más laboriosa: prevalecen las reuniones tediosas, la investigación solitaria, los informes de última hora y las noches y fines de semana trabajando. El buen consultor político no debe inventarse realidades paralelas y mantenerse en contacto con la realidad.
  5. El gurú siempre tiene la razón. El falso gurú nunca se equivoca, nunca es responsable de un fallo, nunca lo reconocerá y siempre encontrará a otro al que echarle la culpa, incluido su propio cliente. Es muy amigo de conspiraciones maquiavélicas y supuestas componendas, aunque en la mayoría de los casos, por no decir casi siempre, sean inexistentes. El buen consultor político demuestra lealtad pero también es crítico.
  6. El gurú nunca ha perdido unas elecciones. Es tan bueno que, además de haber trabajado en cientos de campañas, siempre las ha ganado (repito, las ha ganado él, no el cliente para el que trabajaba y quien realmente se presentaba a las elecciones). Amigo consultor, de los errores se aprende más que de las victorias y no pasa nada por reconocer una derrota. Lo importante es la experiencia acumulada y aprender de los errores propios. El buen consultor político es honesto y humilde.
  7. El error de los Yes men. Nuestro cliente nos ha contratado para que le ofrezcamos varios puntos de vista, le digamos en qué falla, cómo puede mejorar y qué no debería hacer. Si le adulamos aprobando todo lo que dice y hace (para mantener nuestro trabajo) le estaremos haciendo un flaco favor (y acabaremos perdiendo nuestro empleo). El buen consultor político es valiente y sincero.
  8. Desprecia la investigación y formación permanente. Si, ya sabemos que tienes mucha experiencia y nosotros no somos quién para poner en duda tus vastos conocimientos, pero la comunicación política es una disciplina en constante evolución y es necesario actualizarse continuamente. El buen consultor político es exigente consigo mismo; se recicla, forma y está al corriente de la actualidad; se relaciona y aprende de otros compañeros de profesión y trabaja con diferentes clientes que le aportan visiones complementarias.
  9. La magia no existe. No prometas cosas que no podrás cumplir. Aunque te tengas en muy alta estima como consultor, hay situaciones complicadas de revertir por mucha cosmética marketiniana que apliquemos y los atajos no suelen ser buenas soluciones. El buen consultor político actúa siempre con transparencia, valores democráticos y ética profesional.
  10. Tú no eres el protagonista. No intentes suplantar al político para el que trabajas porque tú papel es el de asesorar, ayudar, debiendo estar en un segundo plano y no sobre los focos de la política. El buen consultor político es discreto.

En la VII Asamblea General de Socios de ACOP, celebrada en Bilbao en julio de 2014, quedó aprobado el Código ACOP, a través del cual se respalda la investigación y la práctica profesional comprometiéndose a promover la excelencia profesional entre sus miembros, así como a reforzar el compromiso con los principios éticos entre aquellos que trabajan en el ámbito de la comunicación política, exigiendo a sus miembros cumplir con una serie de principios deontológicos.

* Éste artículo ha sido escrito para “La Revista de ACOP”, número 2 (segunda etapa), de febrero de 2016.

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