El mundo al revés

Oct 11

El mundo al revés

“Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies”.

Así prologa Eduardo Galeano su libro “Patas Arriba. La Escuela Del Mundo Al Revés”, escrito a finales de los noventa, cuya lectura os recomiendo. Esta cita viene al caso de mi particular hartazgo con la situación socioeconómica y política existente. Raro es el día en que uno no se desayuna con noticias que desafían el normal de los raciocinios y la más aplastante de las lógicas. Pero no hay manera, la “noticia del día” del lunes es superada por la del martes y ésta por la del miércoles para llegar a la traca final de este indecoroso juego de artificio el viernes. Y vuelta a empezar.

Bajo la premisa de expulsar aquello que nos envenena me he sentado delante del ordenador dispuesto a desahogarme (ya hice aquí mi ejercicio de propuesta de soluciones ante la crisis). Sinceramente, no pretendía hacer un listado de desafecciones, pero me he ido animando hasta obtener el catálogo de la infamia. Ojala lea este post en el futuro y no sea más que el reducto de un mal sueño que nos ayudó a progresar.

Algo falla cuando son los ciudadanos quienes se tienen que proteger de la policía. Debido al descontrol de la vida pública los ciudadanos se manifiestan porque parece que es el único “derecho al pataleo” que nos han dejado, pero es a ellos a quienes se les criminaliza.

Las manifestaciones, conquista social de la libertad de expresión, solicitan “modularlas” porque molestan. Cuando otros las convocaban eran la afirmación del clamor popular. Ahora, si te quedas en casa formas parte de la “mayoría silenciosa” que respalda al Gobierno.

Los candidatos (tanto de uno como de otro partido) se presentan a las elecciones escondiendo las siglas que representan temiendo ser identificados con la mala gestión de sus líderes ante un electorado defraudado.

El partido político que ganó las elecciones incumple su programa electoral porque si decía la verdad nadie le votaría. Cuando lo reconocen, le echan la culpa a la “herencia recibida”, pero tras un año en el Gobierno -y a pesar de las “reformas”- la prima de riesgo y el desempleo han subido y el (segundo) rescate cada día está más cerca. Ah, dicho partido de gobierno retrasó las antipopulares medidas para ganar las elecciones andaluzas y ahora estamos pagando también ese retraso. Al final no gobernó en Andalucía. Intereses partidistas antepuestos a los generales. Y a todo esto, la oposición sigue anestesiada.

Para enterarnos de lo que sucede en España debemos leer la prensa extranjera (por no decir que el Presidente del Gobierno apenas ofrece ruedas de prensa, no comparece en el Congreso y no convoca el debate del Estado de la nación).

La clase política (y los partidos políticos), esa que sirve para canalizar las demandas ciudadanas, articular sus ideas y que representa la voz del pueblo; esa a la que hemos encomendado el orden social, que gobiernen para guiarnos hacia el progreso, el desarrollo económico, la convivencia, mejorar las cuestiones de salud y enseñanza…, esa, es el tercer problema de los ciudadanos. Así, es lógico que la ciudadanía se pregunte para qué queremos políticos…

Dicen que nos gobiernan los mercados, pero yo no les voté, no les veo por televisión, no reconozco su rostro ni sé a donde dirigirme para pedir que arreglen una calle. Ejercemos nuestro derecho al voto cada cuatro años en la “fiesta de la democracia”, pero las decisiones importantes se toman en el BCE, el FMI, el Banco Mundial, la troika comunitaria, y luego están las agencias calificadoras… ¿en que papeleta estaban ellos?

Éstos mismos gestores, los tecnócratas, son la solución a todos nuestros males. Si ya lo decía Francisco Franco, “haga como yo y no se meta en política” si no quieres problemas. Así el desarrollo económico de nuestra “una y grande” llegó en los años 60 de la mano de los tecnócratas.

Todos los discursos políticos de los dirigentes apuestan por la Sanidad, la Educación, la Investigación (I+D+i)… pero son las partidas que más se recortan frente a otras como Defensa o una cuestionada Casa Real.

Los políticos corruptos no sólo no dimiten ni renuncian a sus puestos, sino que se presentan de nuevo porque ganan las elecciones. La dimisión es entendida como presunta culpabilidad (“algo habrá hecho”) por lo que aquí nadie dimite.

En esa línea de evitar tratar a los ciudadanos como adultos, ahora nos hablan con eufemismos: la crisis empezó siendo “desaceleración económica”, a los recortes se les denomina “reformas”, a los rescates “vía de crédito en condiciones ventajosas”, el repago es “copago” o “tiquet moderador” (en línea con lo que dice Galeano sobre el “Lenguaje, 3”: capitalismo es economía de mercado, imperialismo es globalización, despido libre por flexibilización del mercado laboral, en lugar de cáncer se dice larga y penosa enfermedad, los muertos civiles de una guerra son daños colaterales…). En el mundo al revés el rescatado es quien presiona jugando al despiste y la contradicción de mensajes en el Gobierno. Craso error este camuflaje verbal, porque el lenguaje más efectivo es el que clarifica, no el que oscurece.

Rizando el rizo: tenemos aeropuertos sin aviones, trenes sin pasajeros, autopistas sin coches, universidades sin futuro, centros comerciales sin clientes, viviendas sin inquilinos… así es el desarrollismo que todo lo puede.

Eso sí, los bancos, cuyo fin es prestar dinero a la gente para, entre otras cosas, montar sus negocios, crear empleo y fomentar el desarrollo, no conceden créditos. En el mundo al revés, es la sociedad quien refinancia a los bancos con el dinero de todos.

La lógica dicta que quienes más ganan más impuestos paguen, progresividad fiscal se llama. Pues no. Pero también hay amnistía fiscal para los grandes defraudadores y no es que sorprenda, sino que es presentada como medida estrella del Gobierno para aflorar el dinero negro.

No hay problema. La solución a los excesos es fácil: despedir funcionarios. Se criminaliza al empleado público, se le congela el sueldo y los concursos de acceso y se le acusa de vago. Nadie se pregunta por qué en época de (supuestas) vacas gordas se seguían convocando plazas, no sobraban y era el refugio del enchufe partidista. Pura demagogia.

Hablando de demagogia y populismo barato: que los políticos no cobren. Bienvenidos otra vez a la Edad Media en la que la política era cosa de la realeza, los nobles (y más tarde los burgueses revoluciones mediante), es decir, aquel que fuera rico y no necesitara trabajar para mantenerse.

¿Y qué decir de la Justicia? Cuando la Justicia no equilibra, es lenta y sobrepasa el común de los sentidos, se comete una injusticia. Por algo se la representa con los ojos tapados… para no ver como acaba protegiendo al poderoso frente al débil.

Los héroes de nuestra sociedad moderna no son los científicos ni las personas que se han labrado un futuro gracias a su esfuerzo e inteligencia, sino famosetes de tres al cuarto que venden su vida en televisión y niñatos millonarios que aprovechan su buena estrella de jugar al fútbol, por supuesto, en clubes endeudados. La sociedad es la culpable.

Las televisiones programan telebasura porque la audiencia lo demanda, la gente ve telebasura porque ocupa la mayor parte de la parrilla, las cadenas programan telebasura porque la gente lo ve… Es el círculo vicioso de la telebasura.

Hubo una vez que se llenaron las calles de protestas, pero era porque se iba a descender a los equipos de fútbol de la ciudad (por impagos). Se les indultó.

La Iglesia católica, una institución de hombres solteros que discrimina a las mujeres, nos da lecciones de cómo amar.

La generación de españoles mejor formada de su historia, con licenciaturas, masteres, idiomas… emigra del país que ha invertido en su educación o aspira simplemente a ser mileurista porque no tiene posibilidades mejores.

Roba mil euros a un banco o para comer y tendrás un problema, roba mil millones y quien tendrá el problema será el banco. O eso era antes

Acabar con el hambre en el mundo cuesta 30.000 millones de euros al año. El rescate de Bankia (la que nos exhortaba “Hazte Bankero”), más de 20.000 millones de euros. El mundo al revés.

Aspiramos a la paz, pero vendemos armas porque su industria nos reporta muchos beneficios. Si no preguntamos mantenemos limpia la conciencia.

Tenemos más medios de información y conocimiento a nuestro alcance que nunca en la Historia de la Humanidad, pero estamos amenazados por la infoxicación y la economía de la atención: se lleva la inmediatez, los micromensajes, las redes sociales y el WhatsApp. Malos tiempos para la reflexión y el pensamiento elaborado. Cada día tenemos más herramientas de comunicación y permanecemos más incomunicados.

Sabemos del calentamiento global, de sus peligros, de como está modificando ya la naturaleza y el comportamiento de flora y fauna, pero  los gobernantes no se ponen de acuerdo en solucionarlo porque frenará el desarrollo. ¿Desarrollo para qué si nos quedamos sin planeta? ¿Quien lo disfrutará más allá de nuestros hijos?

Los ejecutivos que cobran sueldos millonarios llevan con sus decisiones la ruina a las empresas. Se marchan antes de que se hunda totalmente y además se les paga una cuantiosa indemnización. Los trabajadores de la empresa se quedan sin empleo y quien sabe sin lo que les corresponde por la quiebra.

Mario Conde, quien hundió Banesto y fue condenado a pagar 43 millones por apropiación indebida, estafa y falsedad; ese prohombre hoy quiere entrar en política. Aprovechando el río revuelto de la desafección política, cual mesías de la ejemplaridad pública, califica a los políticos de corruptos como si él no hubiera roto un plato.

La Tasa Tobin o Impuesto a las transacciones financieras es un tipo de tasa sobre las transacciones financieras que fue propuesta por el economista estadounidense James Tobin en la Universidad de Princeton en el año 1971. Es algo tan sencillo como gravar los movimientos (especulativos) de capital que no generan riqueza contable sino “humo financiero”. A pesar de ser propuesto hace más de 40 años, surgió con fuerza en los años noventa por el movimiento antiglobalización ATTAC y volvió a generar atención pública en el 2000 con motivo de la crisis económica. Ahora vuelve a sonar, pero los gobiernos son reticentes a adoptarla. España, después de anunciar que la aplicaría, la ha bloqueado. España recaudaría 6.000 millones de euros. Éste año el Gobierno ha recortado 7.000 millones en Sanidad y 3.000 en Educación. El mundo al revés.

Y si empezaba con Eduardo Galeano, termino este ¿desahogo? Con otro pasaje de su magnífico libro. Ahora sólo queda una pregunta ¿Qué hacer?:

El miedo Global

“Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.

Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.

Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.

Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.

La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje miedo de decir.

Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas, las armas tienen miedo a la falta de guerras.

Es el tiempo del miedo.

Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.

Miedo a los ladrones, miedo a la policía.

Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar.

Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puede ser, miedo de morir, miedo de vivir…”

 

3 comentarios

  1. Grande, Nacho!

    Me ha gustado mucho tu reflexión y tomo nota del libro de Galeano, que estoy convencida de que me encantará también. Este tipo de reflexiones son necesarias para poder volver a “enderezar” este mundo absurdo y cada vez más injusto!

  2. Agustín García Matilla /

    Tus reflexiones sobre el mundo al revés me parecen interesantes y necesarias pero también veo imprescindible comunicar que existen otros logros alcanzados por ciudadanos que representan un mundo “más al derecho” que interesa silenciar; el ejemplo más significativo es el del caso de Islandia. Los ciudadanos han expulsado a los políticos inoperantes y han obligado a encarcelar, o han hecho huir del país, a los responsables de la bancarrota de esa nación, han remodelado la constitución y han conseguido la recuperación económica islandesa en un tiempo record. Es un ejemplo de cambio provocado por una ciudadanía consciente de su poder. Un cambio absolutamente pacífico.

    Por mucho que nos intenten inocular el miedo, seguimos constatando que en España hay una mayoría de personas con sentido común, que son a su vez solidarias, creativas, cultas, sensibles y esencialmente razonables y que podrían unir sus esfuerzos para acabar con las múltiples estulticias y corrupciones de un sistema que es preciso cambiar. La educación y la comunicación son claves para cambiar las cosas.

    El mundo al revés que denuncia Ignacio Martín Granados se ha reflejado últimamente en hechos como que un Ministro de Educación español elegido para el cargo por su demostrada inteligencia (número 1 en sus promociones,dominador de al menos 5 idiomas, etc.) demuestra sus limitaciones en al menos tres tipos de inteligencia: la interpersonal, la extrapersonal y la emocional, cuando plantea la “españolización” de los niños catalanes en un momento tan crispado como el actual. El Ministro que ha declarado en diversas ocasiones que nunca sería profesor porque le falta paciencia, parece proyectar su impaciencia en una ley de educación de nuevo no pactada y muy cuestionada que aboca, por ejemplo, a los estudiantes que no hayan demostrado su madurez a los 13 años (¿quien puede ser maduro a esa edad?)a no poder acceder a los estudios universitarios.

    No sólo el ministro forma parte del reparto de ese mundo al revés, algunos políticos catalanes que deberían defender el “seny” muestran el “sinsentido” de unas actuaciones que hacen un flaco favor a esa Cataluña que muchos admiramos por lo que ha significado y significa para el resto de España.
    La televisión autonómica: TV3 y Canal 33, rompen con una admirable trayectoria de servicio público en muchos sentidos, para servir a un tipo de sectarismo que imita la manipulación ejercida por el franquismo cuando hasta los niños eran manipulados para servir al más rancio nacionalismo español.

    Más y mejor educación, más y mejor comunicación, para reforzar la autoridad de una ciudadanía que asuma la labor de control y vigilancia de todos los poderes y actúe pacíficamente pero con contundencia ante cualquier desmán del poder económico y retire la confianza a los políticos que mientan y no respondan al mandato recibido en las urnas.

    Dar una oportunidad a ese otro mundo posible es poder reirnos de nosotros mismos teniendo conciencia de nuestros errores y de nuestros aciertos, huyendo de cualquier sectarismo. Defender la alegría como reclamaba Benedetti, y seguir buscando esa utopía que como ha recordado Galeano siempre se aleja de nosostros por muchos pasos que demos hacia ella. Y es que el sentido de la utopía es, precisamente, obligarnos a seguir avanzando.

  3. Angeles /

    Excelente información, felicidades

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