El filibusterismo político

Mar 12

El filibusterismo político

Si nos preguntaran por discursos de larga duración, sin duda nos vendrían a la mente los pronunciados por el recientemente fallecido Hugo Chávez o los del revolucionario cubano Fidel Castro. Y es que el presidente venezolano, incluso ya mermadas sus facultades por su enfermedad, pero acostumbrado a las largas peroratas televisivas a través de su programa “¡Aló presidente!”, hace un año pronunciaba el discurso más largo ante el parlamento con una intervención de nueve horas y media, aunque al principio prometió que sería breve… Por su parte, Fidel Castro, en 1960, pronunciaba su primer discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas y para ello requirió 4 horas y 29 minutos (su récord es de siete horas y quince minutos en 1998). Pese a ello no es el discurso más largo en esta sede, que ostenta Krishna Menon, el enviado de la ONU a la zona de conflicto entre India y Pakistán. Su intervención duró 8 horas seguidas pero tuvo que ser interrumpido porque Menon, exhausto, colapsó y tuvo que ser hospitalizado. Cuando salió del hospital, regresó al pleno a completar lo que le faltaba y estuvo otra hora más mientras un doctor monitoreaba su presión arterial.

Todo esto viene a cuenta de la intervención del pasado jueves del senador republicano Rand Paul (si, el hijo del ex candidato presidencial y ex congresista Ron Paul) a lo largo de 12 horas y 52 minutos. Casi 13 horas en las que permaneció de pié, sin poder abandonar el atril ni ir al baño (hasta que no pudo aguantar más y concluyó: “Seguiría durante otras 12 horas para intentar romper el récord de Strom Thurmond pero he descubierto que hay algunos límites al obstruccionismo y voy a tener que ocuparme de uno de ellos en unos pocos minutos”) y comiendo barritas de chocolate y frutos secos. Todo ello con el objetivo de protestar contra el uso secreto de ‘drones’ de Estados Unidos e impedir la votación para aprobar el nombramiento de John Brennan como director de la CIA.

A esta técnica de obstruccionismo parlamentario se la conoce como filibusterismo y consiste en bloquear la aprobación de una ley o acto legislativo gracias a un discurso de larga duración (a veces sobre cualquier cosa que no tenga ninguna relación con la ley en debate) como forma de retrasar o impedir la votación final del proyecto, haciendo una interpretación interesada de los reglamentos y usos parlamentarios que resulte favorable a un bando ya que, en los sistemas parlamentarios en los que los representantes no tienen fijado un tiempo límite para intervenir (para favorecer el debate), mientras no se sienten, pueden seguir haciendo uso de la palabra.

En el caso de Estados Unidos, para detener el filibusterismo, el Senado puede aprobar lo que se denomina una “resolución de clausura” o “regla 22” mediante el voto de las tres quintas partes de los miembros de la Cámara (60 votos). Por eso, cuando en las elecciones de 2008 en las que Obama fue electo presidente y el partido demócrata obtuvo una mayoría de 60 senadores, se hablaba de que el nuevo presidente tendría en el Senado una mayoría a prueba de filibusterismo. El filibusterismo no está permitido en la Cámara de Representantes debido a que la Comisión de Reglas y Procedimientos de la misma establece un tiempo límite permitido para el debate de los proyectos de ley.

Aunque este último caso ha sacado del anonimato a Rand Paul, senador por Kentucky, convirtiéndole a lo largo de su intervención trending topic mundial en twitter (#standwithrand) con internet y las redes sociales siempre dispuestas a sacar partido de estas situaciones; lo cierto es que es una táctica antigua cuyo primer protagonista lo encontramos en Catón el Joven, de quien se decía que era capaz de hablar durante días enteros con tal de frenar las iniciativas legislativas de Julio César.

En el caso de Estados Unidos, los récords de filibusterismo son los siguientes:

  • El discurso más largo de bloqueo de la historia es el del senador de Carolina del Sur Strom Thurmond, que se oponía a una legislación para la igualdad de derechos entre blancos y negros: en 1957 habló durante 24 horas y 18 minutos, la mayoría del tiempo leyendo la Declaración de Independencia o discursos de presidentes.
  • El senador por Nueva York Alfonse D’Amato habló durante 23 horas y 30 minutos para detener el debate sobre un importante proyecto de ley militar en 1986. Volvió a repetir en 1992 durante más de 15 horas para protestar contra un cambio fiscal que afectaba a una empresa local de máquinas de escribir.
  • El tercero más largo es el del senador de Oregón Wayne Morse apodado “el Tigre del Senado”, debido a su tendencia a la controversia. Morse habló durante 22 horas y 26 minutos para paralizar el debate sobre el proyecto de ley Tidelands Oil en 1953.
  • Para encontrar al cuarto clasificado en ese dudoso cuadro de honor del filibusterismo americano, nos remontamos a 1908. El senador Robert La Follette Sr. de Wisconsin intervino durante 18 horas y 23 minutos.
  • El senador William Proxmire de Wisconsin habló durante 16 horas y 12 minutos para detener el debate sobre el aumento del techo de la deuda pública en 1981.
  • Antes de Rand Paul, el último caso fue protagonizado por un senador independiente de Vermont en 2010 que habló durante ocho horas y 37 minutos a favor de subir los impuestos.

Pero lo cierto es que nos encontramos con otros ejemplos de filibusterismo. Y van desde lo más local o lo nacional y en diferentes países. Recuerdo en mi propia ciudad, Segovia, cuando, tras romper PP y CDS el pacto municipal de gobernabilidad, allá por 2002, en el último pleno del año la nueva oposición popular obligó a leer todos los decretos de alcaldía desde el último pleno, llegando hasta la medianoche para continuar al día siguiente con el pleno.

En Francia, donde el gobierno de François Hollande ha comenzado a tramitar el matrimonio igualitario, lo que permitiría a las parejas homosexuales poder casarse y tener los mismos privilegios que los matrimonios heterosexuales, la oposición está tratando de paralizar el avance de la ley con 5.300 enmiendas.

Volviendo a Rand Paul, a lo largo de sus 13 horas de intervención, a veces era interpelado por compañeros republicanos (más que nada para que pudiera descansar sus cuerdas vocales) y en una de ellas el también republicano Ted Cruz le recordó la película clásica protagonizada por James Stewart “Mr. Smith Goes To Washington” (dirigida por Frank Capra en 1939 y  titulada en español ‘Caballero sin espada’), donde un joven senador se niega a abandonar el estrado y habla durante horas para defenderse de una falsa acusación: “seguro que estás haciendo sonreír a Jimmy Stewart“.

Aunque no es el único ejemplo que nos encontramos en el cine o televisión. Como apunta el amigo Xavier Peytibi (hemos coincidido al escribir sobre el tema, aunque tú te has adelantado 🙂 ), también aparece un ejemplo en “El ala oeste de la Casa Blanca”, en el 17º capítulo de la segunda temporada, “como mero simbolismo, para llamar la atención de los medios, y para darse a conocer, o dar a conocer lo que está a punto de aprobarse. Una buena medida de presión, ¡si no te quedas en blanco!” (Aquí más ejemplos de películas).

Pero, como suele decirse, la realidad supera la ficción, y es que termino como empecé, hablando de discursos interminables: el récord mundial del discurso más largo, de hablar sin interrupción, le tiene el francés Lluis Colet, de 62 años, que habló durante 124 horas, es decir, cinco días y cuatro noches (2007).

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