¿Cuáles son las claves y retos de los partidos en este curso político?

Sep 10

¿Cuáles son las claves y retos de los partidos en este curso político?

Aunque el curso político comenzaba la semana pasada, hoy los diputados regresaban al Congreso para inaugurar la temporada parlamentaria. Sin duda alguna, se trata de la más importante de la legislatura, no sólo porque es la última y, por tanto, los ejecutivos se apresurarán a alcanzar y sacar a relucir los logros de su gestión para demostrar que los electores hicieron bien en depositarles su confianza, sino que, además, da paso a la larga precampaña electoral hasta las elecciones municipales y autonómicas del mes de mayo, antesala de las generales de noviembre (siempre que se agoten y no se adelanten).

El resultado de las últimas elecciones europeas ha dejado una resaca tal en el panorama partidista español que algunos todavía están tratando de recuperarse. Hemos pasado de un sistema cada vez más bipartidista (llegando a superar el 80% de los votos) en el que PP y PSOE se turnaban el poder y acumulaban hegemónicamente la mayoría de alcaldías y gobiernos regionales, a una antesala de lo que puede ser un nuevo ciclo político en nuestro país con la participación efectiva de otras formaciones políticas aupadas gracias al auge de Podemos (según las últimas encuestas, PP y PSOE ahora sólo sumarían el 50%  de los votos).

Para empezar, el terremoto que supuso la irrupción de Podemos en el mapa político de las elecciones europeas ha conseguido más de lo que parece con sus cinco eurodiputados. Y es que ha logrado introducir en la agenda política la palabra clave, regeneración, y capitalizarla políticamente mejor que ningún otro partido, adelantando a otras formaciones políticas –IU, UPyD y Ciudadanos- que trataban de confirmarse como tercer partido en discordia arañando votos, lentamente, a PP y PSOE.  Ahora el resto de partidos bailan al ritmo de la música marcada por Podemos y tratan de aportar a toda prisa sus medidas para la regeneración política sin darse cuenta de que la narrativa en la que está encuadrada les impide aportar ideas satisfactorias.

Además, encima de las mesa nos encontramos en este curso con otros cuantos desafíos que pueden ser factores determinantes tanto en el comportamiento de los partidos como de los electores, como son la consulta soberanista de Cataluña, la evolución de la economía, la propuesta de reforma de la Ley Electoral, los diferentes procesos judiciales de corrupción y el caso Nóos…

Porcentaje intención de voto e intención de voto directo del Barómetro del CIS de julio de 2014 (Infografía El País)

Porcentaje intención de voto e intención de voto directo del Barómetro del CIS de julio de 2014 (Infografía El País)

En este contexto, los partidos políticos se enfrentan a los siguientes retos que, sólo si son capaces de superarlos, serán la llave del éxito y se convierten en las verdaderas claves del curso político:

El Partido Popular cuenta con la ventaja de ser el partido gobernante y, por tanto, la posibilidad de cumplir algún compromiso electoral -como la rebaja fiscal- o impulsar iniciativas atractivas que supongan un golpe de efecto, pero esta oportunidad también se puede convertir en debilidad si no lo sabe gestionar afectado por las prisas y sobrecarga de tareas pendientes. El PP debe recomponer su caída de más de 14 puntos sobre los resultados de 2011, sobreponerse al desgaste del poder, pese al rodillo de la mayoría absoluta, y la adopción de medidas impopulares contradiciendo su programa electoral, lo que ha afectado a su credibilidad en un crispado ambiente político y social, sólo menguado por la ausencia de alternativa por parte del PSOE, hasta ahora (aunque ese es uno de los retos a los que se enfrentan los socialistas).

El calendario electoral de este último curso político condensa en poco tiempo la toma de decisiones debido a la complicada tramitación parlamentaria, por lo que veremos si le da tiempo a aprobar medidas estrella como la Ley del Poder Judicial, decidirse qué hacer con la Ley del Aborto y en qué quedan las cacareadas medidas de regeneración democrática con la polémica propuesta de la reforma de la Ley Electoral para que gobierne el partido más votado. Y todo ello salpicado por el previsible cierre del sumario del caso Gürtel, la mejora o no de la situación económica, Cataluña y la previsible mejora del PSOE.

Mariano Rajoy, que nunca se ha visto cómodo ante los medios de comunicación, debería hacer algo que no ha hecho hasta ahora que no es otra cosa que hacer pedagogía de las medidas adoptadas y buscar acuerdos con otros partidos para no encontrarse sólo y ser el blanco de todas las críticas.

Los retos del PSOE son obvios, pero no por ello de fácil solución. Debe frenar la sangría de votos perdidos, recuperar la confianza de sus electores y de los votantes indecisos y fluctuantes que eran quienes hacían que ganaran elecciones. Para ello ha cambiado de líder, pero también debe cambiar su discurso y encontrar una línea retórica nueva que conecte con los ciudadanos (formas y fondo). Una vez que ha soltado el lastre que recordaba a la etapa anterior que les ha llevado a la situación actual deben reencontrarse ideológicamente consigo mismos y erigirse en alternativa creíble. La pregunta es cómo hacerlo, es decir, apostando por acercarse al discurso de Podemos (que considero sería un error) o reposicionarse con una narrativa renovada y propia. En resumen, las claves son consolidar el liderazgo de Pedro Sánchez, localizar su  narrativa ideológica diferencial y atractiva y mostrarse nuevamente como alternativa de gobierno. Y todo ello con el examen que supondrán los comicios de mayo en los que no participará directamente Pedro Sánchez pero se le juzgará a través de sus resultados.

Pese a todo lo que se está escribiendo y opinando sobre Podemos, no deja de ser una incógnita. Un nuevo partido, heredero de las voces del 15M y respuesta en España a las propuestas antipolíticas de otros países (como el movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grilllo en Italia o los partidos nacionalistas o eurófobos del resto de Europa) que ha cosechado un éxito inesperado en su primer concurso electoral, se enfrenta ahora a los típicos problemas de estructurar y consolidar un partido político -por mucho que no quieran recurrir a esta definición- sin caer en lo que critican del resto de formaciones.

Agradeciendo el soplo de aire fresco que ha supuesto Podemos en el contexto político, sus propuestas innovadores adolecen de cierta utopia que pueden ser tomadas como irresponsables. Es normal que aquellos partidos que tienen más complicado gobernar realicen promesas más populistas y radicales o de difícil ejecución, pero han conseguido introducir sus propuestas en el debate público y político, influyendo a partidos con labores de gobierno en sus discursos por lo que su proyección está siendo notable en comparación con su joven existencia. Aunque precisamente esta es su marca, una de los retos que tendrán que afrontar es el de controlar su discurso (sin que se les acuse de autoritarismo), sobre todo en una formación de inspiración asamblearia y que se está construyendo a contrarreloj para las siguientes citas electorales, y realizar propuestas constructivas ya que hasta ahora han basado su éxito solamente en la crítica. Además, serán escrutados con detenimiento tanto por los medios de comunicación como por el resto de partidos políticos, esperando que cometan cualquier fallo o contradicción que les desacredite. Sin duda alguna, las elecciones municipales serán una magnífica prueba de toque en la que comprobar si Podemos es capaz de competir sin el liderazgo de Pablo Iglesias en la papeleta electoral atrayendo a candidatos idóneos a la filosofía del movimiento y elaborando propuestas realistas, concretas y atractivas a los ciudadanos.

Respecto a Izquierda Unida, ha visto como pasaba de ser la depositaria de los votos de los defraudados con el PSOE a verse superada por Podemos. Una nueva marca  política con un discurso similar ha envejecido a marchas forzadas a un partido que ha confiado su futuro a Alberto Garzón, coetáneo generacional de Pablo Iglesias, con la confianza de abrir el partido (frase que prácticamente pronuncian ahora todas las formaciones) y alcanzar algún acuerdo para ir de la mano en lugar de por separado y fragmentar el ya de por si atomizado voto de la izquierda ideológica.

Además, al calor del éxito de Podemos y el empoderamiento ciudadano, se han envalentonado otros movimientos ciudadanos como Guanyem Barcelona (de hecho es su marca en Barcelona) con Ada Colau a la cabeza y réplicas (Ganemos) en ciudades como Madrid, Valladolid, Murcia, Logroño o Málaga. Por tanto, junto con propuestas en el mismo arco ideológico como EQUO -además de otras similares en las diferentes Comunidades Autónomas- nos encontramos el espectro ideológico del centro-izquierda (sumándole PSOE e IU) totalmente fragmentado por lo que sus posibilidades de éxito pasan por los acuerdos previos, máxime si el Partido Popular consigue sacar adelante su propuesta de reforma electoral.

Al igual que Izquierda Unida, el otro tercer partido en discordia, UPyD, ha visto como sus expectativas de crecimiento han tocado techo y no se veían satisfechas por el desplome de PP y PSOE sino que ese capital político lo recogía Podemos. A la vista de ello diversas voces del partido de Rosa Díez proponían unirse a Ciudadanos, que quiere probar suerte fuera de Cataluña y compite por el mismo espacio que el partido magenta. Actualmente se encuentran en pleno proceso de negociación y seguramente confluyan de manera conjunta (las previsiones demoscópicas serán determinantes), aunque deberán encontrar un programa coherente y atractivo ya que fuera del centralismo en torno al cual han basado su estrategia no proponen nada más para competir con el flamante framing de la regeneración de Podemos.

En el ámbito territorial, pero con influencia en la política nacional, la consulta soberanista del 9N y el caso Pujol marcan la política catalana. Artur Mas se ha jugado a la carta del soberanismo no sólo la legislatura -tapando la mala situación económica y el fracaso de su mandato en el resto de asuntos- sino su carrera política. El desgaste de este reto junto al affaire Pujol están afectando gravemente a CiU y ya veremos hasta qué punto al independentismo catalán por lo que, de momento, es una incógnita si el descontento con CiU irá a parar a ERC o igualará las fuerzas del mapa político catalán multipartidista (CiU, ERC, PSC, ICV, PP, CUP, C’s) a las que podríamos sumar, si entran en el Parlament, a otras fuerzas como UPyD, Guanyem/Podemos, etcétera.

En definitiva, afrontamos no sólo el último curso de la legislatura sino que podemos estar asistiendo al fin de un ciclo, la consumación de una época y su sistema de partidos y alumbrar una nueva fase con un mapa político fragmentado, a la italiana, en el que los pactos y consensos sean imprescindibles para garantizar la gobernabilidad y la estabilidad. Pero, ¿acaso no es eso la política? Sin duda, asistimos a un emocionante episodio de nuestra historia en el que se respiran aires de cambio y sabemos que las cosas no van a ser igual que antes. Esperemos que los nuevos tiempos no nos defrauden y la clase política esté a la altura.

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