2017, el año que viviremos peligrosamente

Dic 27

2017, el año que viviremos peligrosamente

Muchos coincidirán en calificar este 2016, políticamente hablando, como annus horribilis. El récord de un gobierno en funciones en España y la posibilidad de repetición de unas terceras elecciones consecutivas, el inesperado triunfo del brexit en el referéndum británico, el del no a los acuerdos de paz en Colombia, el mayoritario voto contrario a las reformas constitucionales planteadas por Matteo Renzi en Italia y el triunfo del outsider Donald Trump en las elecciones estadounidenses contra todo pronóstico (y contra todos: su propio partido, medios de comunicación, encuestas, mundo del espectáculo y del deporte, las bolsas internacionales…) han sembrado la semilla de la incertidumbre tal y como entendemos el mundo actualmente.

Sin embargo, si contemplamos lo que está por venir a lo largo del nuevo año, puede que el 2016 sólo haya sido el aperitivo de un festín de complicada digestión. El primer plato le tenemos a la vuelta de la esquina, en marzo, con las elecciones en los Países Bajos, donde las encuestas pronostican la victoria de la extrema derecha capitaneada por el xenófobo Geert Wilders y el derrumbe de la gran coalición de liberal conservadores y socialdemócratas que gobierna el país desde 2012.

En junio saldremos de dudas para saber quién será el primer ministro en Francia. Aquí el panorama es desalentador para la izquierda, que da por hecho que en la primera vuelta vencerá la ultranacionalista Marine Le Pen y empieza a asumir que tendrá que votar, como en 2002, por el conservador François Fillon para evitar que una candidata de extrema derecha tenga posibilidades reales de ganar.

Las elecciones federales en Alemania se plantean desde un prisma de incertidumbre sobre la gobernabilidad del país, ya que, tras once años de gobierno y una situación económica y política envidiable en medio de un continente azotado por las crisis, la popularidad de Angela Merkel empieza a tambalearse por su política de acogida a los refugiados. Además, la aparición de un nuevo partido populista de orientación de extrema derecha, Alternative für Deutschland (Alternativa por Alemania), añade la dificultad de limitar las posibilidades de pactos al restar porcentaje de votos.

En Italia parece probable que haya elecciones a lo largo de 2017 (los últimos cuatro primeros ministros, desde 2011, no ha sido elegidos por las urnas) y en Grecia, Alexis Tsipras sigue tensando la cuerda contra la Troika y puede convocar elecciones, aunque esta vez las encuestas dan a Syriza como perdedora.

En conclusión, nos encontramos con un panorama electoral en el que el descontento popular, especialmente contra el establishment político, alienta opciones con posturas antieuropeas. Y no estamos hablando de cualquier país, sino de estados que fueron miembros fundadores de la UE y cuya crisis afectaría a la ya de por sí cuestionada estabilidad de la Unión Europea, a sus primeras economías, al motor de Europa. Por eso, 2017 será el año que viviremos peligrosamente.

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