1. Campaña extraña.

Esta campaña ha tenido todos los ingredientes posibles para ser una anticampaña en tiempos de incertidumbre: marcada por desarrollarse en plena pandemia (con lo que conlleva de actos sin público ni estar a pie de calle); fue convocada, aplazada sin fecha y vuelta a la fecha original del 14F previa decisión del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Con un voto por correo que triplicaba el de 2017 (277%), han obtenido mejores resultados aquellos partidos que han sabido movilizar a sus votantes (han sido las elecciones con la participación más baja, 53,5%), frente a elementos desmovilizadores como la propia la incidencia de la pandemia, el desencanto del ‘procés’ y el cansancio ante las quintas elecciones en una década (2010, 2012, 2015, 2017 y 2021; de doce en cuarenta años).

  1. Mantenimiento de dos bloques enfrentados.

El porcentaje del voto nacionalista (y luego independentista) no se mueve desde hace 18 años: en las seis últimas elecciones estuvo siempre entre el 47% y el 49% de los votos. Seis elecciones en una horquilla de dos puntos.

En estos comicios el bloque soberanista tan sólo aumenta un 1% su resultado respecto a 2017 (suma el 48,59% de los votos, pero 74 diputados), frente al 47% del bloque constitucionalista (que mejora en 3,5%, pero pasa de 63 a 61 diputados). Es decir, se mantienen los resultados de anteriores elecciones: persiste la polarización y tan solo hay transferencia de voto intrabloques porque éstos permanecen inalterables.

  1. El PSC es el partido más votado.

Por tercera vez (1999 y 2003) y al igual que en el año 1999, cuando ganó las elecciones con más votos pero menos escaños, el PSC es el partido más votado. Probablemente no gobernará, pero confirma que ha  habido «efecto Illa». Hace meses nadie apostaba por esta posibilidad y hoy es la primera opción del  bloque constitucionalista, duplicando sus diputados respecto a las anteriores elecciones (es su mejor resultado desde 2006, cuando obtuvo 37 diputados).

La maniobra del veto de los partidos independentistas ha tenido el efecto contrario ya que ha unido entorno a él el voto útil constitucionalista. Tendrá muy difícil gobernar pero este resultado avala la apuesta de Pedro Sánchez (y las encuestas del CIS) y consolida un apoyo muy importante para las próximas elecciones generales que será necesario para incrementar su número de diputados y mejorar su precaria estabilidad dependiente del apoyo de tantos partidos

  1. ERC por fin supera a Junts per Cataluña.

Es la primera vez que ERC se convierte en el primer partido del eje soberanista, por lo que ahora, con la superioridad moral de haber ganado las elecciones entre los independentistas, podrá abrir una nueva etapa más negociadora y diferenciarse de la estrategia de confrontación y unilateralidad de Puigdemont y JxCat que pierde las riendas del ‘procés’.

Cualquier posibilidad de gobernabilidad pasa por ellos: la independentista con Junts y la CUP o la de izquierdas con el PSC y En Comú Podem, pero desactivada antes de  contemplarse tras la firma del veto a Illa por los partidos soberanistas. Pero Junts sabe que esto es una fortaleza de Aragonés que podrá negociar desde una posición de fuerza, a pesar de que la diferencia es de tan solo un escaño y 35.000 votos.

En todo caso, ERC y PSOE están condenados a entenderse por lo que entramos en una nueva etapa política en Cataluña.

  1. Vox es el partido hegemónico de la derecha en Cataluña.

Varias han sido las sorpresas en el espacio de la derecha no independentista catalana. Se esperaba descenso de Ciudadanos, pero no hundimiento (pasa de 36 a 6 diputados). Se preveía sorpasso de Vox al PP, pero tampoco que los populares siguieran perdiendo escaños (de 4 a 3), ni que dicho sorpasso (11 diputados) fuera incluso a la suma de diputados de Ciudadanos y PP.

Estos resultados tendrán consecuencias a nivel nacional, con los liderazgos de Inés Arrimadas y  Pablo Casado muy debilitados, lo que influirá en sus estrategias políticas y comportamiento respecto a Vox.

Por su parte, Vox no sólo entra como cuarta fuerza política, partido hegemónico de la oposición de derechas del Parlament, sino que tendrá un importante altavoz en una comunidad en la que antes no tenía representación y ocupa un importante espacio de debate político a nivel nacional.

  1. Desaparece el PDeCat, el partido heredero de Convergencia.

El partido heredero de Convergencia Democrática de Catalunya desaparece del arco parlamentario. No se presentaban bajo la plataforma Junts per Catalunya buscando su propio espacio electoral y, gracias al voto útil del independentismo y debido a la barrera del 3% (a pesar de la baja participación), el partido de Artur Mas (el vástago político de Jordi Pujol) no tendrá representación. Además, ha restado votos al independentismo ya que sus 77.000 votos, si hubieran concirrido con JxCat, le habrían dado el primer puesto en las elecciones y probablemente dos  diputados más.

  1. Escenarios de gobernabilidad: continuismo, tripartito o repetición electoral.

La foto que nos deja las elecciones es un escenario multipartidista fragmentado. Son las elecciones que arrojan un mayor número de partidos representados lo que dificulta la gobernabilidad. Siempre había oscilado entre 5 y 6, aunque en los últimos años aumentó hasta 7 -en la convocatoria de 2010 por la irrupción de Solidaritat, en la de 2012 por la CUP y en las de 2017 por Podem-, y en esta ocasión se llega a las 8 fuerzas políticas.

El escenario de gobernabilidad más previsible es la reedición de un gobierno independentista, liderado en esta ocasión por ERC, junto con Junts y la CUP que dobla su resultado y puede condicionar la investidura ya que sus votos son necesarios. La otra opción aritmética posible podría ser un tripartito de izquierdas liderado por el PSC con ERC y En Comú Podem, que en teoría no llegaría a buen término por el veto firmado de los republicanos a los socialistas, pero en política estamos acostumbrados a ver de todo. Si ninguna de estas opciones no llegara a materializarse, la tercera alternativa es la repetición electoral (la sexta en una década). Pronto sabremos qué sucederá: el 26 de marzo es la fecha límite para un debate de investidura.

De cualquier manera, por las consecuencias que tendrán estos resultados  en los partidos, podemos afirmar que se trata de las elecciones catalanas más nacionales.

Gráfico con los resultados electorales 14 F (El País)

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