Toni Aira, en la introducción de su última publicación, confiesa sin tapujos que “este libro es un ensayo sobre el mundo en el que vivimos”. Y tras su lectura, el lector confirma que está ante un ensayo no sólo muy bien documentado con útiles referencias bibliográficas, sino también ante un tratado de comunicación política actual.

Su objetivo es arrojar luz sobre las lógicas contemporáneas del liderazgo político que desempeña diferentes emociones para conectar con los ciudadanos. Antes de entrar a hablar propiamente de los sentimientos, dibuja el encuadre de su hipótesis: vivimos hiperconectados, con acceso instantáneo a ingente información, pero también a desinformación masiva. Curiosamente, se da la paradoja de que cuando más formación y acceso a la información tenemos, somos más sensibles a la emoción frente a la razón. Vivimos en un presente continuo cortoplacista, “acostumbrados a decidir nuestra fragmentada atención a cosas novedosas, diferentes, intensas, sorpresivas, que nos generen algún tipo de sentimiento”.

Por tanto, terreno abonado para los sentimientos “que son el modo en el que nos relacionamos con esa vertiente emocional de nuestro cerebro, las construcciones que hacemos tras experimentar ciertas emociones”. Y es que, hoy más que nunca, se llega a la cabeza de los votantes a través del corazón, de las emociones, ya que los ciudadanos prestarán su apoyo a quien les haga sentir de una manera determinada (ilusión, esperanza, alegría) o contra aquellos que les hagan aflorar sentimientos que no desean experimentar (miedo, angustia, enfado). Con el agravante de que, una vez instaladas en nuestro cuerpo, cada vez será más difícil desmontarlas, por mucha información de la que se disponga, ya que entramos en el pantanoso terreno de los sesgos congnitivos.

Y nos ofrece otra fórmula de éxito. Las características para que un mensaje conecte emocionalmente son un lenguaje audiovisual con impacto emocional, simplificación y personalización. De este planteamiento no debe extrañarnos que una de las luchas de la política contemporánea sea la del relato. La obsesión actual de los protagonistas políticos por tejer relatos para imponerlos, la superficialidad de la campaña permanente, frente a lo que debería ser la política: la gestión del poder a través del cual construir realidades palpables. Y es que uno de los mandamientos de la compol es que la percepción es realidad. Con el consiguiente riesgo de construir relatos de realidades alternativas o hiperrealidades de humo. Por tanto, no nos alarmemos después si surge la desafección y la pérdida de apoyo, tanto de los instrumentos como de los partidos y la clase política, desplazándoles frente al imperio de las emociones.

Para desarrollar su teoría, Aira se basa en el trabajo Psychology of Emotion (1992) de los psicólogos J. G. Carlson y E. Hatfield, en el que señalan los dieciséis sentimientos que experimentamos con más frecuencia, seleccionando diez en los que ahonda en el libro: odio, optimismo, indignación, amor, impaciencia, euforia, venganza, satisfacción, enfado, admiración (los seis restantes serían envidia, afecto, gratitud, tristeza, agrado y celos).

Ligando cada uno de ellos a los principales personajes políticos de los últimos años (desde Trump, Trudeau o Merkel, pasando por Pedro Sánchez, Pablo Iglesias  o Abascal),  ejemplifica las emociones y describe sus liderazgos, pero también –y es un valor añadido del libro-, analiza la política contemporánea ligada a dichos líderes y explica muchas herramientas de comunicación política.

Toni Aira consigue imponer la tesis del libro explicando cómo los sentimientos dominan el mundo, gracias también al trabajo que la comunicación política realiza en tándem con los líderes políticos, pero nos recuerda que su fin último es que seamos menos prisioneros de ellos, “para crecer como ciudadanos con más ganas de entender, a la vez de sentir”.

* Reseña destacada para La revista de ACOP nº 52, enero de 2021.

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