Elogio de la lectura en la política

Feb 02

Elogio de la lectura en la política

El ya fallecido ex primer ministro francés Michel Rocard decía que “los políticos son una categoría de la población acosada por la presión del tiempo. Ni noches libres ni fines de semana tranquilos, ni un solo momento para leer, cuando la lectura es la clave de la reflexión”.

Es cierto que los políticos carecen de tiempo, son demandados para estar en varios sitios a la vez y la lista de tareas nunca se acaba por lo que siempre deberían estar trabajando dando prioridad a la importante labor pública frente al secundario ocio y desconexión personal. Por otra parte, hoy en día la política está totalmente mediatizada, sufre el fast think de las redes sociales y el culto a la imagen del resto de medios de comunicación frente a la reflexión y maduración de las ideas.

Sin embargo, igual que cuidamos nuestra apariencia física y hacemos ejercicio, deberíamos dedicar tiempo a la lectura (ya se sabe, aquello de mens sana in corpore sano). Leer no sólo puede ser un agradable pasatiempo, sino que favorece la concentración y la empatía, alimenta la imaginación, modifica (para bien) el cerebro, nos hace progresar y mejora nuestra oratoria.

El expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, en una de sus últimas entrevistas, afirmaba para el The New York Times que si consiguió sobrevivir a los años en la Casa Blanca fue, justamente, gracias a los libros: “No sé si los libros me hicieron un mejor presidente, pero sí estoy seguro de que favorecieron mi equilibrio”.

La lectura ha sido una constante a lo largo de su vida: herramienta crucial para definir en qué creía al empezar su adolescencia; en sus últimos dos años de licenciatura, en un periodo de introspección, leyendo filosofía para desintegrar y poner a prueba sus creencias; las biografías de presidentes anteriores para conocer mejor el reto de enfrentarse a la presidencia a diario; y así hasta la actualidad, en que prácticamente cada noche en la Casa Blanca leía durante una hora, desde literatura de ficción contemporánea, pasando por novelas clásicas hasta ensayos.

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Donald Trump ¿Y si no fuera tan tonto?

Feb 02

Donald Trump ¿Y si no fuera tan tonto?

Desde que anunció su candidatura a las primarias del partido republicano para optar a la presidencia de los Estados Unidos y, sobre todo, desde que ganara la nominación claramente frente a sus otros 16 rivales republicanos para enfrentarse a Hillary Clinton, los medios de comunicación se han entretenido en desacreditar a Donald Trump poniendo de manifiesto su inexperiencia como político, escasa formación, desconocimiento del funcionamiento de la administración, ignorancia en política internacional o economía… todo ello para desacreditarle como candidato. Es cierto que sus declaraciones polémicas, tuits controvertidos y el vídeo en el que habla de forma grosera y machista sobre las mujeres también han contribuido a generar una actitud burlesca hacia el millonario. Y a nivel personal, se le ha definido como egocéntrico, caprichoso, ignorante, homófobo, racista, misógino, abusón o niño malcriado convirtiéndole en un personaje caricaturesco.

A pesar de ello, consiguió ganar las elecciones y proclamarse presidente de los Estados Unidos. Acostumbrados a que los políticos se desdigan de lo prometido durante la campaña electoral, una vez alcanzado el poder, las primeras medidas de Trump en la Casa Blanca están siendo sus tan cacareadas promesas electorales de desmontar la reforma sanitaria de su predecesor (Obamacare), establecer la construcción del muro fronterizo con México, cumplir escrupulosamente las leyes migratorias, retirarse del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) con la región Asia-Pacífico o iniciar la construcción de dos oleoductos -paralizados por Obama por sus efectos climáticos-.

Por tanto, mientras nos tiene pendientes de sus tuits y entretenidos con sus “hechos alternativos”, el populista y antiestablishment Trump, en su primera semana en el despacho oval, ha iniciado su agenda reformista para mayor regocijo de Wall Street cuyo Dow Jones alcanza un record histórico.

Donald Trump es el presidente que más decretos ha firmado en su primera semana en el cargo, 17, imponiendo sus políticas a través de órdenes ejecutivas hurtando el debate en el Congreso.

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Los candidatos franceses, a la conquista de YouTube

Feb 01

Los candidatos franceses, a la conquista de YouTube

El uso del vídeo, en general, y de YouTube, en particular, no es nuevo en comunicación política. Podemos afirmar que, de hecho, alcanzó su apogeo en 2008, con la campaña del “Yes, we can” que catapultó a Barack Obama a la Casa Blanca. Desde entonces, no hay candidato y/o partido que no disponga de su propio canal en YouTube.

Aunque la televisión sigue siendo el medio más demandado, las campañas miran cada vez más a Internet y YouTube para una segmentación más precisa de los votantes y su potencial viralidad. Los anuncios en televisión son anticuados, limitados en el tiempo y caros, mientras que YouTube permite a las campañas experimentar con una gama más amplia de longitudes, costes y puntos de conversación. Su facilidad de uso, bajo coste, capacidad de atracción, disponer de un canal alternativo, su carácter público y su componente de red social -lo que permite una accesibilidad global- así como su viralidad, hacen que YouTube se convierta en una herramienta de expresión muy valorada en campaña electoral.

Así lo han entendido los candidatos a las elecciones presidenciales francesas que, a menos de cuatro meses para la primera vuelta, afinan sus estrategias de comunicación en la que le están dando una importancia inusual a YouTube.

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Las mejores series políticas del año

Ene 11

Tras hacer un repaso a las películas y documentales sobre política del 2016, no podíamos olvidarnos de las series (la ya no tan “hermana pequeña” del séptimo arte, en vista de su éxito comercial y de crítica), sobre todo en un año en el que ha habido muchas propuestas interesantes.

Aunque a continuación expondré el listado de las mejores series sobre política que se han estrenado en 2016, sí que me gustaría comentar que la política es utilizada cada vez más como recurso en la ficción. No sólo en las series que vamos a enunciar, que lo hacen como parte del desarrollo narrativo, sino en otras de diferentes géneros que recurren a la política para alimentar la trama, como es el caso de la cuarta temporada de Arrow, en la que el protagonista coquetea con ser alcalde; el inicio de American Gothic (Arrangement in Grey and Black) o, de forma colateral, como podemos comprobar en Occupied, por citar sólo algunas.

En España, más allá del recomendable thriller de corrupción político-inmobiliaria Crematorio (2011), seguimos huérfanos de buenas series sobre política. Moncloa ¿digame? (2001) fue el primer intento, en clave de humor, y La embajada (2016) decepcionó por su toque folletinesco.

Parece ser que los guionistas de ‘El Intermedio’ están preparando una nueva comedia ambientada en el mundo de la política actual para ser emitida en horario de máxima audiencia, aunque sin decidir si será en televisión o internet. Aún sin decidir tampoco la cadena o plataforma, estará producida por Globomedia (Mediapro), responsable de series como ‘7 vidas’, ‘Los Serrano’, ‘Aída’ y ‘Los hombres de Paco’. Esperemos que tengan más éxito, tanto de crítica como público, de otros intentos, más modestos, de series como El partido, El bloque o Invencibles.

Finalmente, y a modo de anécdota, ya que es de 2015, pero no todo van a ser series estadounidenses o europeas, traemos aquí la serie coreana Eosembeulli (Asamblea) que narra la historia de Sang-Pil, un soldador astillero que es elegido miembro de la Asamblea Nacional. Al entrar en contacto con las tareas de su nueva posición rápidamente se dará cuenta de que ser miembro de la asamblea es más difícil de lo que había anticipado, hasta que recibe ayuda del inteligente Choi In Kyung y comienzan a trabajar juntos para lograr un cambio real en el gobierno.

Bueno, aquí te dejo las 10 mejores series sobre política de 2016:

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2017, el año que viviremos peligrosamente

Dic 27

2017, el año que viviremos peligrosamente

Muchos coincidirán en calificar este 2016, políticamente hablando, como annus horribilis. El récord de un gobierno en funciones en España y la posibilidad de repetición de unas terceras elecciones consecutivas, el inesperado triunfo del brexit en el referéndum británico, el del no a los acuerdos de paz en Colombia, el mayoritario voto contrario a las reformas constitucionales planteadas por Matteo Renzi en Italia y el triunfo del outsider Donald Trump en las elecciones estadounidenses contra todo pronóstico (y contra todos: su propio partido, medios de comunicación, encuestas, mundo del espectáculo y del deporte, las bolsas internacionales…) han sembrado la semilla de la incertidumbre tal y como entendemos el mundo actualmente.

Sin embargo, si contemplamos lo que está por venir a lo largo del nuevo año, puede que el 2016 sólo haya sido el aperitivo de un festín de complicada digestión. El primer plato le tenemos a la vuelta de la esquina, en marzo, con las elecciones en los Países Bajos, donde las encuestas pronostican la victoria de la extrema derecha capitaneada por el xenófobo Geert Wilders y el derrumbe de la gran coalición de liberal conservadores y socialdemócratas que gobierna el país desde 2012.

En junio saldremos de dudas para saber quién será el primer ministro en Francia. Aquí el panorama es desalentador para la izquierda, que da por hecho que en la primera vuelta vencerá la ultranacionalista Marine Le Pen y empieza a asumir que tendrá que votar, como en 2002, por el conservador François Fillon para evitar que una candidata de extrema derecha tenga posibilidades reales de ganar.

Las elecciones federales en Alemania se plantean desde un prisma de incertidumbre sobre la gobernabilidad del país, ya que, tras once años de gobierno y una situación económica y política envidiable en medio de un continente azotado por las crisis, la popularidad de Angela Merkel empieza a tambalearse por su política de acogida a los refugiados. Además, la aparición de un nuevo partido populista de orientación de extrema derecha, Alternative für Deutschland (Alternativa por Alemania), añade la dificultad de limitar las posibilidades de pactos al restar porcentaje de votos.

En Italia parece probable que haya elecciones a lo largo de 2017 (los últimos cuatro primeros ministros, desde 2011, no ha sido elegidos por las urnas) y en Grecia, Alexis Tsipras sigue tensando la cuerda contra la Troika y puede convocar elecciones, aunque esta vez las encuestas dan a Syriza como perdedora.

En conclusión, nos encontramos con un panorama electoral en el que el descontento popular, especialmente contra el establishment político, alienta opciones con posturas antieuropeas. Y no estamos hablando de cualquier país, sino de estados que fueron miembros fundadores de la UE y cuya crisis afectaría a la ya de por sí cuestionada estabilidad de la Unión Europea, a sus primeras economías, al motor de Europa. Por eso, 2017 será el año que viviremos peligrosamente.

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