¿Cómo debe ser el candidato político perfecto?

Mar 11

¿Cómo debe ser el candidato político perfecto?

Esta es la pregunta que todavía deben estar formulándose en las sedes de aquellos partidos que aún no han designado a sus candidatos en cualquiera de las diferentes citas electorales con que nos encontraremos este año.

A la búsqueda del candidato ideal hay que sumar diversos factores. Las diferencias de cada elección, la mala imagen que tiene la sociedad de los partidos y los políticos acrecentada por los numerosos casos de corrupción (política, institucional, financiera…) o el contexto creado por la entrada de nuevas formaciones que amenazan el statu quo, son algunos de los factores que crean una ecuación de difícil solución. Además este último punto provoca un curioso fenómeno: por un lado, existe un hartazgo hacia una “vieja” forma de hacer política y desideologización partidista, mientras, por otro, se produce una repolitización de la sociedad.

Aunque no existe una fórmula mágica extrapolable a todas las contiendas electorales, sí que podemos trazar una serie de cualidades y aptitudes que no deben faltar en la construcción simbólica del candidato perfecto.

Superado el debate de si el buen político nace o se hace (ambas cosas, pues aunque un candidato posea una serie de cualidades innatas, necesita modelarlas con técnicas y destrezas), las investigaciones sobre las cualidades que los ciudadanos consideran más importantes desde hace medio siglo coinciden en el siguiente perfil: honestidad, competencia, integridad, capacidad de liderazgo y energía. Comunicar esas cualidades significa demostrar carácter, credibilidad (basada en la honradez y la experiencia) y dinamismo (percepción del candidato como activo y positivo).

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