Cómo escribir un discurso de éxito

Jul 20

Cómo escribir un discurso de éxito

* Artículo escrito para el número especial de “La revista de ACOP” (nº 29, julio 2018), sobre el V Encuentro Internacional de Comunicación Política #ACOPBilbao2018.

La conferencia de clausura del V Encuentro ACOP Bilbao 2018 corrió a cargo del periodista y escritor Philip Collins. El británico fue el escritor principal de discursos de Tony Blair y actualmente es columnista en The Times y jefe ejecutivo del centro de estudios de centro izquierda Demos. Ha escrito los libros “The Art of Speeches and Presentations” y “When they go low, we go high”.

En su intervención afirmó que él entiende la política en un sentido retórico, es decir, que tiene que persuadir, ganarse al público, a diferencia de los populismos que te dicen lo que quieres escuchar o las autocracias donde el tirano hace lo que quiere.

Entendiendo, por tanto, la política como la concibieron los clásicos -las referencias a Pericles, Platón, Cicerón, etc. fueron constantes en su intervención-, afirmó que la democracia es el arte de la persuasión. Así, nos brindó cinco puntos para tener éxito en un discurso.

En primer lugar, pensar en la audiencia. Identificar al público al que nos dirigimos y adaptarnos a él para que nos entienda. Actualmente, muchos políticos y personajes públicos tienen como referencia al expresidente estadounidense Barack Obama, pero no es posible que todos hablen como él porque no comparten su trayectoria vital, que es algo especial de cada persona. Es decir, el contexto es fundamental ya que nos ofrece un marco interpretativo. Por ese motivo, es más difícil escribir discursos memorables cuando todo funciona bien. Los discursos que solemos recordar igual no son los mejores, pero sí los que se producen en situaciones especiales, pronunciados en momentos que calificamos de históricos.

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The Man in the High Castle. ¿Y si Hitler hubiera ganado la II Guerra Mundial?

Jun 26

The Man in the High Castle. ¿Y si Hitler hubiera ganado la II Guerra Mundial?

* Artículo publicado en el número 8 de la revista “B Politics Magazine”, correspondiente al mes de junio de 2018, un monográfico sobre series distópicas sobre política.

Hace unos días fallecía Philip Roth, el genial escritor estadounidense que publicó en 2004 “La conjura contra América”, una novela ucrónica sobre la llegada del fascismo al poder narrada desde el punto de vista de una familia de clase media judía en Newark (Nueva Jersey) en los años 30 y 40.

Tras la victoria de Donald Trump en las últimas elecciones, muchos llamaron la atención sobre la anticipación de la realidad que suponían las fantasías distópicas de la novela de Roth, cobrando una nueva y contemporánea lectura después de la llegada a la Casa Blanca de tan populista, agitador y xenófobo candidato. De hecho, dado el interés que despertó en este nuevo contexto, el propio Roth confirmaba el pasado enero en una entrevista a ‘The New York Times’ que la novela se adaptaría para la televisión en forma de miniserie de seis capítulos a cargo de David Simon, el director de la aclamada “The Wire”.

Sin duda alguna, la posibilidad de reescribir la historia desde la ficción es un asunto muy sugerente (¿a quién no se le ha pasado alguna vez por la cabeza pensar cómo sería nuestra sociedad si el nazismo hubiera ganado la II Guerra Mundial?). De hecho, nos encontramos con novelas similares a la de Roth como son “SS-GB” (1976) del autor británico Len Deighton -convertida en miniserie de cinco episodios por BBC One en 2017- o “Fatherland” (1992) del también escritor y periodista británico Robert Harris.

Y, por supuesto, la que nos ocupa en este artículo, la obra que definió este género de literatura. “The Man in the High Castle” (1962) es una novela del autor de ciencia ficción Philip K. Dick que está ambientada en 1962 y se sitúa en un mundo distópico en el que las potencias del eje ganaron la II Guerra Mundial y Estados Unidos ha sido dividido en tres partes: los Estados del Pacífico en la costa oeste (dominados por Japón), el Gran Reich en la costa este (bajo ocupación alemana), y la zona neutral en las Montañas Rocosas.

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Pedro Sánchez ante su mejor oportunidad

Jun 13

Pedro Sánchez ante su mejor oportunidad

* Artículo publicado en “The Progressive Post”, publicación de la Foundation for European Progressive Studies (FEPS), en un especial para el público europeo sobre el nuevo panorama político español: Pedro Sánchez is facing his best opportunity.

 

Hace apenas tres semanas, los sondeos situaban al PSOE como cuarta fuerza política, detrás de Ciudadanos, Podemos y el Partido Popular (PP), y el liderazgo de Pedro Sánchez se desvanecía. Sin embargo, el 24 de mayo se produjo un hecho que precipitaría unos acontecimientos que han dado la vuelta a todo el panorama político español en apenas una semana.

Ese 24 de mayo la Audiencia Nacional condenaba a varios políticos del PP y al propio partido en uno de los numerosos casos de corrupción que tiene abiertos. Esta sentencia confirmó lo que muchos ciudadanos sospechaban, que el PP se había lucrado y financiado ilegalmente sus campañas electorales, y desencadenó una serie de sucesos que Mariano Rajoy ni se imaginaba cuando el día anterior conseguía que los presupuestos se aprobaran en el Congreso garantizando su presidencia hasta las próximas elecciones de 2020.

En este contexto de indignación generalizado, el primero que dio un paso al frente para intentar desalojar al PP del poder fue el PSOE a través de una moción de censura, es decir, que el Congreso retire su confianza al presidente del Gobierno forzando su dimisión. En España la moción de censura es constructiva porque el grupo que la eleva propone a su vez un nuevo presidente del Gobierno que debe ser respaldado por mayoría absoluta (176 de los 350 diputados); y continuista porque no supone el adelanto de las elecciones, sino que continúa inalterado el calendario electoral. Era la cuarta que se presentaba en cuarenta años de democracia y ninguna había salido adelante.

La primera moción de censura de nuestra joven democracia fue en mayo de 1980. Presentada por el grupo parlamentario socialista contra el Gobierno de Adolfo Suárez, el candidato propuesto fue Felipe González y, aunque la perdió, fue percibido por los ciudadanos como alternativa de gobierno, ganando las elecciones dos años después. La segunda moción de censura fue presentada por Alianza Popular -la anterior marca del Partido Popular- contra el gobierno socialista de Felipe González en marzo de 1987. Esta moción de censura se presentó justo un mes después del debate sobre el estado de la nación en el que no había podido intervenir el nuevo presidente de Alianza Popular (AP), Antonio Hernández Mancha, por no ser diputado. Ese fue precisamente uno de los motivos para promoverla, dar a conocer al nuevo dirigente de AP, pero si a Felipe González la moción le sirvió de trampolín, para Hernández Mancha significó su tumba política ya que dos años después se refundaría el partido nombrando como nuevo líder a José María Aznar. La tercera moción de censura fue presentada por Pablo Iglesias de Unidos Podemos contra Mariano Rajoy, a sabiendas de que no contaba con los apoyos necesarios, en junio de 2017, con el objetivo de convertirse en el principal partido de la oposición y marcarle el terreno al PSOE.

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Es la credibilidad, estúpido

Abr 18

Es la credibilidad, estúpido

La credibilidad es el bien más preciado que puede atesorar un político o cualquier dirigente con responsabilidades públicas o empresariales. La credibilidad aporta la ansiada confianza en nuestra persona, nuestra gestión y nuestro discurso. Y todo ello nos confiere prestigio y reputación. La credibilidad va siempre de la mano de la verdad, de la coherencia de nuestras acciones, y sus principales enemigos son la mentira y la acumulación de errores o la mala gestión.

Por tanto, sorprende que muchos políticos no sean conscientes de ello o aspiren a tener una larga carrera política cuando su credibilidad ha sido puesta en entredicho y no hayan sabido defenderla adecuadamente.

Podemos poner de ejemplo el caso más reciente, el de la obtención del master universitario por parte de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, pero ha habido antes otros ejemplos y, desgraciadamente, no será el último. Han sido muchos los errores cometidos en la gestión de esta crisis que podría haber tenido otro resultado en función de cómo se hubiese afrontado. Fallos de comunicación aparte, ante unas pruebas tan reveladoras, quizás no sea lo más inteligente cuestionar dichas pruebas o culpabilizar a la universidad, ya que esta tratará de defenderse para salvar su honor y te pondrá en evidencia, dejando poco lugar a la duda de que quien está faltando a la verdad realmente eres tú. Por otra parte, arrastrar a tu partido -y cargos públicos con el presidente a la cabeza- a teorías conspirativas o supuestas tramas políticas cuando éste está inmerso en multitud de casos de corrupción quizás tampoco sea una buena idea ya que te estás poniendo al mismo nivel de degradación.

El siempre sabio refranero popular nos dice que “las mentiras tienen las patas muy cortas” y, como hemos podido comprobar, por mucho que quieras huir hacía adelante, la verdad siempre te alcanzará para ajustar cuentas contigo.

Por tanto, sólo nos queda una vía, quizás la más fácil, aunque la más dolorosa, pero también la más satisfactoria: decir la verdad. Pensemos que, desde el principio, Cristina Cifuentes, en un ejercicio de responsabilidad y transparencia, asume su error, reconoce su culpa, pide perdón y dimite o pone su cargo a disposición de los madrileños. Sin duda alguna, el marco narrativo en el que discurriría la polémica sería otro. En política se suele decir que los votantes toleran un error -si va acompañado de la correspondiente penitencia-, pero no que se les siga mintiendo todo el rato y menos que se les trate de tomar el pelo. Quizás si la aún presidenta de la Comunidad de Madrid hubiese admitido su culpabilidad, todavía tuviera alguna oportunidad de rehacer su carrera política (a los ciudadanos nos suelen gustar las historias de humildes ave fénix que resurgen de sus cenizas revestidos de superación personal), pero tal y como ha gestionado esta crisis -primero- personal, pero que ha acabado por serlo política, académica y social, dudo mucho de que después de este incidente vuelva a estar en la primera línea de la vida política.

Otro factor a tener en cuenta, muy importante en comunicación política, es la generación de expectativas y es que Cristina Cifuentes se auto presentaba como abanderada de la regeneración política y la lucha contra la corrupción. Incluso sonaba en los mentideros políticos como posible sucesora de Mariano Rajoy ya que parecía no tener ninguna mácula de corrupción. Por tanto, el impacto negativo de esta noticia ha sido mayor para quien estaba llamada a defendernos de la inmoralidad política.

En otros países, casos similares como la apropiación de ideas ajenas han sido motivo suficiente de dimisión o renuncia. Así sucedió con la exministra de Educación de Alemania, Annette Schavan, descubierta en 2013 que plagió su tesis doctoral; con el exministro de Defensa alemán, Karl Theodor zu Guttenberg, que además era el ministro más popular de Alemania y delfín de la canciller, Angela Merkel, pero renunció a su cartera en 2011 por el mismo motivo; o con Victor Ponta, ex primer ministro rumano, que copió su tesis en 1980 y fue descubierto en 2013, dimitiendo dos años más tarde y reconociendo que debía haberlo hecho antes.

Hay quien piensa que, con todos los casos de corrupción política y económica existentes, este es un mal menor. Que, como defendía al principio el Partido Popular en sus argumentarios tratando de desviar el foco del debate, lo verdaderamente importante es abordar el afán de “titulitis” -no sólo de nuestros políticos- y la regulación de másteres y postgrados del sistema académico de nuestro país.

Pero en el fondo de todo este tema subyace algo más importante que es la ejemplaridad de nuestra clase política. Como ciudadanos queremos cargos públicos de los que sentirnos no sólo representados sino orgullosos, que sean dignos gestores de la res publica, y hagan de la credibilidad su cordón umbilical con la ciudadanía.

En nuestro país, la dimisión es vista de forma negativa y rara vez se produce. Sin embargo, dependiendo del motivo por el que se dimita, puede ser un magnífico ejemplo de coherencia profesional, de asunción de responsabilidades, expiación de la culpa, humildad y transformación personal. Lo que para unos significa cavar su tumba política, otros lo convierten en oportunidad, un paso para atrás para coger impulso y presentarse de nuevo ante la opinión pública como un personaje renovado, liberado de lastres y reputación mejorada. Éste es el principal error que ha cometido Cristina Cifuentes, creer que gana quien resiste más, cuando es quien lo hace desde la verdad.

* Artículo escrito el 11 de abril y publicado el 17 de abril en la Tribuna de firmas invitadas de La Fábrica de Discursos.

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Guerra en Trumplandia: fuego y furia de Steve Bannon, Breitbart News y Donald Trump

Ene 05

Guerra en Trumplandia: fuego y furia de Steve Bannon, Breitbart News y Donald Trump

Uno de los personajes que más protagonismo ha tenido -y sigue teniendo- en la política estadounidense en los últimos años ha sido, sin duda alguna, Steve Bannon. Con una peculiar biografía (ha sido marine, banquero de inversión en Goldman Sachs y productor y director de cine), en 2012 se convirtió en director de la página web de noticias Breitbart News que abandonaría después para ser estratega jefe de la Casa Blanca y consejero del presidente Donald Trump hasta el 18 de agosto de 2017, cuando fue despedido (o renunció, ya que tampoco está claro).

El pasado 3 de enero New York Magazine publicaba un avance del libro “Fire and Fury: Inside the Trump White House” que saldrá a la venta el 9 de enero y ha supuesto el último maremoto en las agitadas aguas de la política estadounidense desde que Donald Trump es su comandante en jefe. A través de más de 200 entrevistas realizadas a la mayoría de los miembros de su personal, llevadas a cabo durante un período de 18 meses,  Michael Wolff, un veterano periodista que ha escrito para USA Today, Vanity Fair, The Guardian o The Hollywood Reporter constata ideas que más o menos todos imaginábamos (Melania Trump temía convertirse en la primera dama o el gran desconocimiento político de Trump), pero revela otras que han hecho enfurecer al presidente como que éste pensaba que perdería las elecciones, las ambiciones presidenciales de Ivanka Trump, la supuesta reunión de Donald Trump Jr. con un abogado ruso, pero, sobre todo revela a Steve Bannon como el crítico más mordaz de Trump y su familia (califica a la hija del presidente de “tonta como un ladrillo” y a su yerno Jared Kushner como “traidor” y “antipatriótico”) y Wolff lo retrata como un titiritero maestro, manipulando al presidente para sus propios fines políticos (albergando incluso sus propias ambiciones presidenciales para 2020).

“Noche de Elecciones”. Ilustración de De Jeffrey Smith que ilustra el artículo de New York Magazine

Ante estas revelaciones, la respuesta del presidente Trump no se hizo esperar y el mismo miércoles criticó a su ex estratega jefe como un charlatán político, minimizó su papel como asesor, le acusó de buscar protagonismo y le culpó de todo, desde las filtraciones hasta la derrota del partido republicano en la carrera del Senado el mes pasado en Alabama. “Steve Bannon no tiene nada que ver conmigo o mi Presidencia”, dijo en un  comunicado, “cuando lo despidieron, no solo perdió su trabajo, perdió la razón”. Y añadió: “Steve pretende estar en guerra con los medios, a los que llama partido de oposición, pero pasó su tiempo en la Casa Blanca filtrando información falsa a los medios para hacerse parecer más importante que el presidente, es lo único que hace bien. Steve rara vez estaba en una reunión cara a cara conmigo y solo pretendía tener influencia para engañar a unas pocas personas sin acceso y sin ninguna pista, a quienes ayudó a escribir libros falsos”.

Lo cierto es que Donald Trump y Steve Bannon han tenido una relación, cuando menos, pintoresca. Repasémosla desde sus inicios. Como muchos lectores ya sabrán, Breitbart News es un sitio web de noticias, opiniones y comentarios políticos, máximo exponente de lo que se ha denominado “alt-right” o derecha alternativa, eufemismo ideológico para calificar tendencias de extrema derecha que rechazan el conservadurismo convencional y el neoconservadurismo en favor del nacionalismo populista blanco y las ideas paleoconservadoras antisistema.

Breitbart fue creado en 2005 por el comentarista y empresario Andrew Breitbart con el objetivo de fundar un sitio que fuera “abiertamente pro-libertad y pro-Israel”. Junto con esta línea editorial, el medio practicaba el más puro sensacionalismo ya que lo que les proporcionaba más visitas y atención -y por tanto ingresos- era llevar al extremo la estrategia de poner cebos para conseguir clicks (“clickbait”).

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