¿Vivimos peor que nuestros padres? Qué nos dicen los datos

Abr 25

¿Vivimos peor que nuestros padres? Qué nos dicen los datos

La crisis económica, social e institucional de los últimos años en España ha abierto una gran brecha entre generaciones. Esa distancia es muy evidente entre dos grupos de población, los baby boomers -que tienen entre 50 y 68 años- y los millennials -entre 18 y 35-. O lo que es lo mismo, entre quienes ocupan los puestos de decisión y quienes intentan acceder a ellos.

Para comprender los problemas de los más jóvenes y conocer los riesgos de esa brecha generacional -y con ello generar un debate constructivo con el que establecer los cambios que reparen, fortalezcan y renueven el contrato social entre generaciones-, la Fundación Felipe González ha puesto en marcha el proyecto “Genera. Foro Intergeneracional” junto con la Fundación Bancaria “la Caixa”, Resolution Foundation, Foundation for European Progressive Studies (FEPS) y Agenda Pública. La primera publicación es la investigación “Comparativa europea de tendencias intergeneracionales” realizada por la Resolution Foundation británica.

En dicho informe se analiza hasta qué punto el problema del nivel de vida intergeneracional se reproduce en diferentes economías de renta elevada y en los mismo ámbitos, principalmente el del mercado laboral, el de los ingresos y el de la vivienda.

En primer lugar, hay un consenso entre los países de renta alta (Francia, Bélgica, Reino Unido, España, Italia, Alemania) respecto a que la evolución intergeneracional del nivel de vida ha sufrido un retroceso y esa aspiración social de que las generaciones venideras vivirán mejor que sus padres, ya no se cumple. Por el contrario, los países de rápido desarrollo -como China, Perú o India-, creen que las generaciones más jóvenes tendrán una vida mejor que la de sus progenitores.

La mejora de la esperanza de vida, como resultado de los avances en la salud, se traducen en una mejora del nivel de vida y que cada vez más gente sobrevive hasta la vejez y disfruta de periodos de jubilación más prolongados. Y dichos cambios, aunque dignos de celebración, plantean dificultades a la sociedad en su conjunto porque provocan tensiones fiscales que repercuten en el nivel de vida, presente y futuro.

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Es la credibilidad, estúpido

Abr 18

Es la credibilidad, estúpido

La credibilidad es el bien más preciado que puede atesorar un político o cualquier dirigente con responsabilidades públicas o empresariales. La credibilidad aporta la ansiada confianza en nuestra persona, nuestra gestión y nuestro discurso. Y todo ello nos confiere prestigio y reputación. La credibilidad va siempre de la mano de la verdad, de la coherencia de nuestras acciones, y sus principales enemigos son la mentira y la acumulación de errores o la mala gestión.

Por tanto, sorprende que muchos políticos no sean conscientes de ello o aspiren a tener una larga carrera política cuando su credibilidad ha sido puesta en entredicho y no hayan sabido defenderla adecuadamente.

Podemos poner de ejemplo el caso más reciente, el de la obtención del master universitario por parte de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, pero ha habido antes otros ejemplos y, desgraciadamente, no será el último. Han sido muchos los errores cometidos en la gestión de esta crisis que podría haber tenido otro resultado en función de cómo se hubiese afrontado. Fallos de comunicación aparte, ante unas pruebas tan reveladoras, quizás no sea lo más inteligente cuestionar dichas pruebas o culpabilizar a la universidad, ya que esta tratará de defenderse para salvar su honor y te pondrá en evidencia, dejando poco lugar a la duda de que quien está faltando a la verdad realmente eres tú. Por otra parte, arrastrar a tu partido -y cargos públicos con el presidente a la cabeza- a teorías conspirativas o supuestas tramas políticas cuando éste está inmerso en multitud de casos de corrupción quizás tampoco sea una buena idea ya que te estás poniendo al mismo nivel de degradación.

El siempre sabio refranero popular nos dice que “las mentiras tienen las patas muy cortas” y, como hemos podido comprobar, por mucho que quieras huir hacía adelante, la verdad siempre te alcanzará para ajustar cuentas contigo.

Por tanto, sólo nos queda una vía, quizás la más fácil, aunque la más dolorosa, pero también la más satisfactoria: decir la verdad. Pensemos que, desde el principio, Cristina Cifuentes, en un ejercicio de responsabilidad y transparencia, asume su error, reconoce su culpa, pide perdón y dimite o pone su cargo a disposición de los madrileños. Sin duda alguna, el marco narrativo en el que discurriría la polémica sería otro. En política se suele decir que los votantes toleran un error -si va acompañado de la correspondiente penitencia-, pero no que se les siga mintiendo todo el rato y menos que se les trate de tomar el pelo. Quizás si la aún presidenta de la Comunidad de Madrid hubiese admitido su culpabilidad, todavía tuviera alguna oportunidad de rehacer su carrera política (a los ciudadanos nos suelen gustar las historias de humildes ave fénix que resurgen de sus cenizas revestidos de superación personal), pero tal y como ha gestionado esta crisis -primero- personal, pero que ha acabado por serlo política, académica y social, dudo mucho de que después de este incidente vuelva a estar en la primera línea de la vida política.

Otro factor a tener en cuenta, muy importante en comunicación política, es la generación de expectativas y es que Cristina Cifuentes se auto presentaba como abanderada de la regeneración política y la lucha contra la corrupción. Incluso sonaba en los mentideros políticos como posible sucesora de Mariano Rajoy ya que parecía no tener ninguna mácula de corrupción. Por tanto, el impacto negativo de esta noticia ha sido mayor para quien estaba llamada a defendernos de la inmoralidad política.

En otros países, casos similares como la apropiación de ideas ajenas han sido motivo suficiente de dimisión o renuncia. Así sucedió con la exministra de Educación de Alemania, Annette Schavan, descubierta en 2013 que plagió su tesis doctoral; con el exministro de Defensa alemán, Karl Theodor zu Guttenberg, que además era el ministro más popular de Alemania y delfín de la canciller, Angela Merkel, pero renunció a su cartera en 2011 por el mismo motivo; o con Victor Ponta, ex primer ministro rumano, que copió su tesis en 1980 y fue descubierto en 2013, dimitiendo dos años más tarde y reconociendo que debía haberlo hecho antes.

Hay quien piensa que, con todos los casos de corrupción política y económica existentes, este es un mal menor. Que, como defendía al principio el Partido Popular en sus argumentarios tratando de desviar el foco del debate, lo verdaderamente importante es abordar el afán de “titulitis” -no sólo de nuestros políticos- y la regulación de másteres y postgrados del sistema académico de nuestro país.

Pero en el fondo de todo este tema subyace algo más importante que es la ejemplaridad de nuestra clase política. Como ciudadanos queremos cargos públicos de los que sentirnos no sólo representados sino orgullosos, que sean dignos gestores de la res publica, y hagan de la credibilidad su cordón umbilical con la ciudadanía.

En nuestro país, la dimisión es vista de forma negativa y rara vez se produce. Sin embargo, dependiendo del motivo por el que se dimita, puede ser un magnífico ejemplo de coherencia profesional, de asunción de responsabilidades, expiación de la culpa, humildad y transformación personal. Lo que para unos significa cavar su tumba política, otros lo convierten en oportunidad, un paso para atrás para coger impulso y presentarse de nuevo ante la opinión pública como un personaje renovado, liberado de lastres y reputación mejorada. Éste es el principal error que ha cometido Cristina Cifuentes, creer que gana quien resiste más, cuando es quien lo hace desde la verdad.

* Artículo escrito el 11 de abril y publicado el 17 de abril en la Tribuna de firmas invitadas de La Fábrica de Discursos.

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Beers&Politics Madrid: Quo vadis, Europa?

Jun 08

Beers&Politics Madrid: Quo vadis, Europa?

Por diversas cuestiones, los teníamos un poco abandonados, pero volvemos a la carga con los Beers&Politics Madrid!! El próximo jueves 15 de junio, a las 19:30 horas, en la Cervecería L’Europe (Calle del Cardenal Cisneros 19, Metro Bilbao) hablaremos de Europa: analizaremos las elecciones británicas, dialogaremos sobre qué sucederá en las elecciones alemanas y las legislativas francesas, qué papel juega Europa ante los Estados Unidos aislacionistas de Donald Trump y la Rusia de Putin… en definitiva, “Quo vadis, Europa?”.

Para ello contaremos con Hugo Cuello y Victor Rodrigo, de CC Europa, además de la colaboración de los amigos de Cámara Cívica.

Hugo Cuello es licenciado en Ciencias Políticas, especialista en Estudios Europeos y Máster en Políticas Públicas por la Hertie School of Governance de Berlín. Ha colaborado con varios think tanks en Madrid, así como en medios de información europea como EuroXpress como analista, y ha trabajado en Myanmar como consultor de riesgos políticos y en programas de desarrollo en Costa Rica. Fue Presidente en Madrid de la organización Jóvenes Europeos Federalistas y es co-fundador de la plataforma Con Copia a Europa (CC/ Europa).

Vicente Rodrigo es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense y en Ciencias Políticas por la UNED. Trabajó en Bruselas como especialista en asuntos públicos para la delegación del Gobierno de Castilla La Mancha y, tras trabajar en otras consultoras, actualmente es Public Affairs Manager en Weber Shandwick Spain. Es co-fundador de la plataforma Con Copia a Europa (CC/ Europa) y socio de la Asociación de Comunicación Política (ACOP).

Ya sabéis que nos gusta que nos confirméis vuestra asistencia para hacernos una idea de cuántos vendréis (sobre todo si hay hora feliz en la cervecería de 19 a 20 horas…) en el correo electrónico madrid@beersandpolitics.com.

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La izquierda española ante su mayor desafío

Feb 07

La izquierda española ante su mayor desafío

Aunque se dice que la socialdemocracia lleva en crisis desde que nació, no es ninguna sorpresa que en los últimos años no atraviesa su mejor momento. Sin necesidad de recurrir al paradigmático hundimiento del PASOK,  el SPD alemán no supera desde hace años el 25% de votos, el Partido Socialista Francés podría bajar hasta la cuarta o quinta posición en las próximas elecciones de abril y, según un estudio de la Sociedad Fabiana, el Partido Laborista podría caer hasta el 20% del voto, diez puntos menos que en 2015.

España tampoco es ajena a este contexto europeo de devaluación de la marca socialdemócrata y el PSOE ha pasado del 46% del voto en 2008 –último año en que ganó las elecciones- al 22% de los últimos comicios en 2016. En el caso español, como agravante, asistimos al mayor proceso de transformación política desde la transición a la democracia de finales de los setenta.

El hundimiento del sistema financiero de 2008 provocó en nuestro país también el estallido de la burbuja inmobiliaria dando lugar a una crisis no sólo económica, sino política, social, institucional y territorial. La gestión de la crisis del gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero fue semejante a la que implementaron los partidos liberales y conservadores europeos, con políticas de austeridad y reformas laborales que determinaron un descenso salarial, lo que provocaría más adelante un gran descenso electoral y pérdida de militancia.

En paralelo, surgieron  movimientos como el de los “indignados” o 15M (recordado por su acampada en la Puerta del Sol de Madrid durante casi un mes) que demandaban una democracia más participativa así como una mayor transparencia y otras mejoras del sistema democrático.

En enero de 2014 se presentaba en sociedad Podemos, un nuevo partido liderado por Pablo Iglesias, heredero del movimiento 15M, que rechazaba una determinada adscripción ideológica y se definía como antiestablishment. Lo cierto es que esta formación, además de los movimientos sociales, nació articulada por el partido Izquierda Anticapitalista y algunos la califican de populista de izquierdas.

La aparición de nuevos partidos  -el mencionado Podemos y el autocalificado liberal progresista Ciudadanos- amenazaba el tradicional bipartidismo PP-PSOE, pero lo que significaba realmente era el fin de la unidad del electorado de izquierda.

La nueva situación política, en lugar de hacer reaccionar a los partidos tradicionales y servirles de estímulo, les puso a la defensiva, no sabiendo leer los motivos del abandono de su electorado, y no siempre para irse a otro partido.

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Donald Trump ¿Y si no fuera tan tonto?

Feb 02

Donald Trump ¿Y si no fuera tan tonto?

Desde que anunció su candidatura a las primarias del partido republicano para optar a la presidencia de los Estados Unidos y, sobre todo, desde que ganara la nominación claramente frente a sus otros 16 rivales republicanos para enfrentarse a Hillary Clinton, los medios de comunicación se han entretenido en desacreditar a Donald Trump poniendo de manifiesto su inexperiencia como político, escasa formación, desconocimiento del funcionamiento de la administración, ignorancia en política internacional o economía… todo ello para desacreditarle como candidato. Es cierto que sus declaraciones polémicas, tuits controvertidos y el vídeo en el que habla de forma grosera y machista sobre las mujeres también han contribuido a generar una actitud burlesca hacia el millonario. Y a nivel personal, se le ha definido como egocéntrico, caprichoso, ignorante, homófobo, racista, misógino, abusón o niño malcriado convirtiéndole en un personaje caricaturesco.

A pesar de ello, consiguió ganar las elecciones y proclamarse presidente de los Estados Unidos. Acostumbrados a que los políticos se desdigan de lo prometido durante la campaña electoral, una vez alcanzado el poder, las primeras medidas de Trump en la Casa Blanca están siendo sus tan cacareadas promesas electorales de desmontar la reforma sanitaria de su predecesor (Obamacare), establecer la construcción del muro fronterizo con México, cumplir escrupulosamente las leyes migratorias, retirarse del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) con la región Asia-Pacífico o iniciar la construcción de dos oleoductos -paralizados por Obama por sus efectos climáticos-.

Por tanto, mientras nos tiene pendientes de sus tuits y entretenidos con sus “hechos alternativos”, el populista y antiestablishment Trump, en su primera semana en el despacho oval, ha iniciado su agenda reformista para mayor regocijo de Wall Street cuyo Dow Jones alcanza un record histórico.

Donald Trump es el presidente que más decretos ha firmado en su primera semana en el cargo, 17, imponiendo sus políticas a través de órdenes ejecutivas hurtando el debate en el Congreso.

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