Son molinos, no gigantes. Cómo las redes sociales y la desinformación amenazan nuestra democracia

May 10

Son molinos, no gigantes. Cómo las redes sociales y la desinformación amenazan nuestra democracia

Cuando a inicios del presente siglo el uso de internet se convirtió en algo masivo y aparecieron las primeras redes sociales, los discursos sobre su impacto en la calidad de nuestra democracia eran muy optimistas, apelando a la potencialidad que la participación y transparencia introducían en nuestro sistema político. Sin embargo, dos décadas después, el resultado es bien distinto al imaginado. Es cierto que las redes sociales han introducido cambios –a veces muy positivos- en la manera de relacionarnos y comunicarnos en la arena política, pero también hay que considerar aspectos que pueden ser considerados como amenazas.

Esos elementos negativos que han introducido las nuevas tecnologías de la información y que han modificado nuestra forma de ver el mundo y condicionado nuestra percepción de la realidad es lo que aborda en este libro la escritora y política Irene Lozano.

A través de cinco bloques analiza en profundidad y de forma didáctica la crisis de la racionalidad y la comunicación que amenaza la democracia actual y que los populismos tratan de desdibujar para que, como le sucedió a don Quijote, confundamos molinos con gigantes. Se trata, sin duda alguna, de una muy recomendable publicación a través de la cual comprender los fenómenos actuales que rodean a la política y la comunicación.

Así, en el primer bloque trata de responder a la pregunta de por qué la desinformación daña la democracia. De forma muy divulgativa explica cómo los populismos y la ultraderecha construyen la arquitectura de la polarización que va erosionando poco a poco el debate público, exacerbando la polarización y la división de la sociedad y, finalmente, apuntalando la desconfianza en las élites. Esto se produce en un contexto en el que estamos retornando al tribalismo político (ellos contra nosotros) y, en paralelo, las certezas sobre el futuro son inexistentes o falsas, por lo que los ciudadanos, para abandonar la incertidumbre, sustituyen la política racional –de debate y consenso- por identidad –que se acepta o rechaza-.

A continuación introduce el concepto de Hugo Mercier y Dan Sperber sobre vigilancia epistémica, es decir, cómo la confianza social y en las instituciones está estrechamente relacionada con la información. Sin embargo, debido a la desinformación, no sólo tenemos una visión sesgada de la realidad, sino que tampoco somos conscientes de nuestros sesgos, especialmente los de confirmación (sólo buscamos y aceptamos información que respalde nuestro punto de vista). Por tanto, nos encontramos en una situación en la que la desinformación mina la confianza en las instituciones, especialmente en las élites (que acrecienta la división entre nosotros y el establishment), y es cuando las razones sencillas de los populismos entran en juego para solucionar los problemas de la sociedad.

Por este motivo, en el tercer bloque, habla sobre la diferencia entre informarse o creer. La revolución tecnológica ha cambiado nuestra relación con la información y la manera de informamos, lo que ha acarreado consecuencias cognitivas y políticas. El “torrente mediático” (Todd Gitlin) en el que vivimos ha generado que la información pierda su valor económico, social e intelectual, es decir, ha dejado de ser un bien valioso. Paradójicamente, “el exceso de información equivale a un empobrecimiento de la atención” (Herbert Simon) en el que el éxito de un contenido en redes sociales depende del número de clics, prefiriendo los editores las noticias entretenidas o llamativas sobre las relevantes o más profundas. Desbordados por el “diluvio de datos”, los ciudadanos han desarrollado un escepticismo radical sobre buena parte de la información que reciben, no siendo capaces de evaluar su calidad y utilidad (crisis de la vigilancia epistémica), ni reflexionar sobre ella. Por ello, nuestra mente establece una relación distinta con el contenido dependiendo de quién sea el informante, es decir, creeremos a aquellos en los que confiemos, independientemente de que lo que afirmen sea verdadero o falso.

Además, la arquitectura de la información, es decir, la forma en que se nos presenta el contenido viene trufada de fenómenos como la “burbujas de información”, cascadas de información o conformismo o la teoría del nudge que fomentan una asimilación tendenciosa y fragmentada que refuerza nuestras creencias previas.

En el cuarto bloque explica cómo la información nos elige. Las redes sociales están diseñadas para atrapar nuestra atención de la forma más adictiva posible y pasar el mayor tiempo en ellas. Esto contribuye a que tengamos una visión sesgada del mundo gracias a las “cámaras de eco” o los “filtros burbuja”, es decir, la creación de un entorno de confort porque lo que nos ofrece el mundo se parece a nosotros mismos. Es lo que la autora denomina el “algoritmo intolerante”, porque al redirigir nuestra atención hacia aquello que ya pesábamos, ratifica el sesgo de confirmación y nos aleja de quienes piensan diferente. En resumen, el proceso de informarse se acaba pareciendo al de creer, contribuyendo de paso a desproveer a los medios de comunicación tradicionales de sus funciones esenciales de vigilancia epistémica, dándose la paradoja de que estamos mejor informados y somos más manipulables que nunca.

En el bloque final, y como respuesta, propone recuperar el control y esboza algunas recomendaciones para combatir la crisis de vigilancia epistémica que beneficia al populismo y la libre difusión de desinformación en cualquiera de sus modalidades (bulos, fake news, rumores…). Y concluye con esta recomendación: busquemos la verdad porque “teniendo presente que al defender la verdad estaremos protegiendo asimismo a la democracia”.

* Reseña destacada para La revista de ACOP nº 60, mayo de 2021.

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La reputación como acelerador del voto

Mar 26

La reputación como acelerador del voto

Estamos acostumbrados a que la preocupación ciudadana por la política, los partidos y los políticos alcance máximos históricos en cada barómetro del CIS. Superando ya en su conjunto la barrera del 50%, los españoles los eligen entre los principales problemas del país. Cuanto menos, resulta paradójico, y a la vez preocupante, que quienes deben gestionar lo público y proponer soluciones para el desempleo, mejorar la economía o paliar los efectos de la COVID-19, sean motivo de preocupación de sus conciudadanos.

En esta misma línea incide el “Barómetro de confianza” que anualmente elabora la multinacional Edelman evaluando el estado de la confianza hacia las instituciones públicas y privadas, incluyendo empresas, gobiernos, ONG y medios de comunicación. En su último informe, los gobiernos caen al tercer lugar (53%) como institución depositaria de la confianza de los ciudadanos. Pero esta es la media de los 27 países estudiados, porque en España dicha confianza es del 34%.

Efectivamente, ante una creciente desconfianza en la clase política que apuntala la desafección ciudadana, los partidos y los políticos deberían poner solución a una deriva que atenta contra la propia democracia. No en vano, el barómetro del CIS del pasado mes de febrero reflejaba un dato que puede empezar a ser preocupante: el 78,6% de los españoles considera que «la democracia siempre es preferible a cualquier otra forma de gobierno» frente a un 6,3% que apuesta por un régimen autoritario «en algunas circunstancias» y a otro 8% que le da igual «un gobierno que otro».

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La democracia en palabras

Mar 26

La democracia en palabras

Si buscamos bibliografía entre la oferta editorial sobre discursos nos encontraremos con un buen puñado de obras que recogen las intervenciones más famosas de la historia. Seguro que al lector, en este momento, se le viene a la mente el famoso “I have a dream” de Martin Luther King, el amputado “Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” de Winston Churchill o el más moderno “Yes We Can” de Barack Obama, por citar sólo algunos.

Sin embargo, era muy difícil encontrar alguna publicación que recopilase discursos pronunciados solo por políticos españoles. Y era complicado sencillamente porque no existía, pero gracias al sociólogo, vicepresidente de Asuntos Públicos y socio de LLYC, Joan Navarro y el profesor, investigador y doctor en Ciencia Política y Administración Pública de la UCM Miguel Ángel Simón, eso ya es posible. En La democracia en palabras recopilan 54 discursos de forma cronológica que recorren las cuatro décadas de democracia de nuestro país, desde la Transición hasta nuestros días.

De esta manera, la obra se inicia con el mensaje del rey Juan Carlos I a los españoles es su proclamación (22 de noviembre de 1975) y finaliza con fragmentos de la intervención de Albert Rivera en su acto de presentación como candidato a la presidencia del gobierno (10 de marzo de 2019), repasando ente medias los discursos más relevantes de la política española en nuestra restaurada democracia (de todos los presidentes del gobierno, Jordi Pujol, Manuel Fraga, Santiago Carrillo, Julio Anguita, Alfredo Pérez Rubalcaba o los más recientes Pablo Iglesias, Pablo Casado o Felipe VI).

Pero si el libro ya es interesante de por sí por  los discursos recopilados, lo es más si cabe porque los más de cuarenta años de democracia se han dividido en siete capítulos, uno por cada etapa histórica (apertura política; camino a la democracia; normalización; madurez; final de la violencia y crisis económica; nuevo reinado y crisis territorial; y una apostilla final de actualidad), que son analizados y prologados por personalidades del periodismo y la política que, en algunos casos, vivieron de cerca los acontecimientos que relatan (como Lucía Méndez, José Enrique Serrano, Joaquín Estefanía o José Luis Ayllón y Àngels Barceló). Estos autores hacen un magnífico ejercicio de contextualización del relato político de cada etapa para que podamos apreciar los discursos en todo su esplendor.

Además, los amantes de la comunicación política, encontrarán en esta publicación una utilidad más. Si definimos los discursos como ‘alocuciones que se desarrollan en la escena política con el propósito de persuadir, tanto a sus partidarios como a los potenciales votantes, fijando sus posiciones sobre los distintos problemas públicos y transmitiendo su mensaje a los  ciudadanos en general’, en este volumen encontramos una inmejorable selección de palabras que cautivaron a millones de españoles, alentaron ilusiones y dirigieron los cambios que nos han traído hasta hoy. Porque, como menciona José Antonio Zarzalejos en su prólogo, citando a Thomas Carlyle, “los discursos que no conducen a alguna manera de acción más vale no pronunciarlos”.

En definitiva, nos encontramos ante un libro necesario para abordar la historia reciente de la democracia española desde otro punto de vista, el de los pensamientos plasmados en palabras de sus principales protagonistas.

* Reseña destacada para La revista de ACOP nº 54, marzo de 2021.

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The Man in the High Castle. ¿Y si Hitler hubiera ganado la II Guerra Mundial?

Jun 26

The Man in the High Castle. ¿Y si Hitler hubiera ganado la II Guerra Mundial?

* Artículo publicado en el número 8 de la revista «B Politics Magazine», correspondiente al mes de junio de 2018, un monográfico sobre series distópicas sobre política.

Hace unos días fallecía Philip Roth, el genial escritor estadounidense que publicó en 2004 «La conjura contra América», una novela ucrónica sobre la llegada del fascismo al poder narrada desde el punto de vista de una familia de clase media judía en Newark (Nueva Jersey) en los años 30 y 40.

Tras la victoria de Donald Trump en las últimas elecciones, muchos llamaron la atención sobre la anticipación de la realidad que suponían las fantasías distópicas de la novela de Roth, cobrando una nueva y contemporánea lectura después de la llegada a la Casa Blanca de tan populista, agitador y xenófobo candidato. De hecho, dado el interés que despertó en este nuevo contexto, el propio Roth confirmaba el pasado enero en una entrevista a ‘The New York Times’ que la novela se adaptaría para la televisión en forma de miniserie de seis capítulos a cargo de David Simon, el director de la aclamada «The Wire».

Sin duda alguna, la posibilidad de reescribir la historia desde la ficción es un asunto muy sugerente (¿a quién no se le ha pasado alguna vez por la cabeza pensar cómo sería nuestra sociedad si el nazismo hubiera ganado la II Guerra Mundial?). De hecho, nos encontramos con novelas similares a la de Roth como son «SS-GB» (1976) del autor británico Len Deighton -convertida en miniserie de cinco episodios por BBC One en 2017- o «Fatherland» (1992) del también escritor y periodista británico Robert Harris.

Y, por supuesto, la que nos ocupa en este artículo, la obra que definió este género de literatura. «The Man in the High Castle» (1962) es una novela del autor de ciencia ficción Philip K. Dick que está ambientada en 1962 y se sitúa en un mundo distópico en el que las potencias del eje ganaron la II Guerra Mundial y Estados Unidos ha sido dividido en tres partes: los Estados del Pacífico en la costa oeste (dominados por Japón), el Gran Reich en la costa este (bajo ocupación alemana), y la zona neutral en las Montañas Rocosas.

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Pedro Sánchez ante su mejor oportunidad

Jun 13

Pedro Sánchez ante su mejor oportunidad

* Artículo publicado en «The Progressive Post», publicación de la Foundation for European Progressive Studies (FEPS), en un especial para el público europeo sobre el nuevo panorama político español: Pedro Sánchez is facing his best opportunity.

 

Hace apenas tres semanas, los sondeos situaban al PSOE como cuarta fuerza política, detrás de Ciudadanos, Podemos y el Partido Popular (PP), y el liderazgo de Pedro Sánchez se desvanecía. Sin embargo, el 24 de mayo se produjo un hecho que precipitaría unos acontecimientos que han dado la vuelta a todo el panorama político español en apenas una semana.

Ese 24 de mayo la Audiencia Nacional condenaba a varios políticos del PP y al propio partido en uno de los numerosos casos de corrupción que tiene abiertos. Esta sentencia confirmó lo que muchos ciudadanos sospechaban, que el PP se había lucrado y financiado ilegalmente sus campañas electorales, y desencadenó una serie de sucesos que Mariano Rajoy ni se imaginaba cuando el día anterior conseguía que los presupuestos se aprobaran en el Congreso garantizando su presidencia hasta las próximas elecciones de 2020.

En este contexto de indignación generalizado, el primero que dio un paso al frente para intentar desalojar al PP del poder fue el PSOE a través de una moción de censura, es decir, que el Congreso retire su confianza al presidente del Gobierno forzando su dimisión. En España la moción de censura es constructiva porque el grupo que la eleva propone a su vez un nuevo presidente del Gobierno que debe ser respaldado por mayoría absoluta (176 de los 350 diputados); y continuista porque no supone el adelanto de las elecciones, sino que continúa inalterado el calendario electoral. Era la cuarta que se presentaba en cuarenta años de democracia y ninguna había salido adelante.

La primera moción de censura de nuestra joven democracia fue en mayo de 1980. Presentada por el grupo parlamentario socialista contra el Gobierno de Adolfo Suárez, el candidato propuesto fue Felipe González y, aunque la perdió, fue percibido por los ciudadanos como alternativa de gobierno, ganando las elecciones dos años después. La segunda moción de censura fue presentada por Alianza Popular -la anterior marca del Partido Popular- contra el gobierno socialista de Felipe González en marzo de 1987. Esta moción de censura se presentó justo un mes después del debate sobre el estado de la nación en el que no había podido intervenir el nuevo presidente de Alianza Popular (AP), Antonio Hernández Mancha, por no ser diputado. Ese fue precisamente uno de los motivos para promoverla, dar a conocer al nuevo dirigente de AP, pero si a Felipe González la moción le sirvió de trampolín, para Hernández Mancha significó su tumba política ya que dos años después se refundaría el partido nombrando como nuevo líder a José María Aznar. La tercera moción de censura fue presentada por Pablo Iglesias de Unidos Podemos contra Mariano Rajoy, a sabiendas de que no contaba con los apoyos necesarios, en junio de 2017, con el objetivo de convertirse en el principal partido de la oposición y marcarle el terreno al PSOE.

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