¿Son las primarias el mejor sistema para elegir a un candidato?

May 19

¿Son las primarias el mejor sistema para elegir a un candidato?

Las elecciones primarias como sistema para elegir al secretario general de un partido o candidato a unas elecciones es un procedimiento cada vez más habitual entre las formaciones políticas. Es tradición en Estados Unidos y también hemos asistido a procesos similares en Italia, Francia o Reino Unido.

En España, aunque recientemente se han incorporado otros partidos, es un proceso usual entre los socialistas desde 1997, ya sea para elegir a candidatos locales, autonómicos o a nivel nacional. No en vano, es una vieja práctica de la II República que da voz y voto a los militantes, cuyos designios no siempre comulgan con los deseos del aparato del partido. Hasta 1936 los puestos en la estructura del partido, los candidatos a cualquier proceso electoral e incluso los representantes socialistas en organismos públicos eran designados directamente por los militantes. Esta práctica se dejó en suspenso por la Guerra Civil y las luchas fratricidas que se vivían dentro del partido, por lo que se prefirió abandonar este procedimiento en favor de la lista cerrada.

Aunque son muchos los interrogantes que despiertan las primarias -y serían objeto de otros artículos-, podemos sistematizar las ventajas y desventajas de su uso en las siguientes:

  • Legitimación democrática. Son los militantes quienes eligen frente a los cuadros de los partidos y la elección directa  inviste  al  ganador  de  una  legitimidad  añadida,  que  le  hace  más indiscutible  ante  sus
  • Disminución de interferencias partidistas. Cualquier militante puede ser elegido y votar por un candidato, es decir, tiene un papel decisivo. La elección se produce en un plano horizontal y no en uno jerárquico en el que los ‘aparatos’ deciden entre ellos quién será el candidato, sin tener en cuenta la opinión de los afiliados.
  • Transparencia y madurez democrática. Unas primarias permiten no sólo informarse de cada candidato y lo que proponen, sino que también, para el partido, es una magnífica forma de ofrecerse al resto de los ciudadanos y dar ejemplo de madurez democrática.
  • Democracia interna. Reflejan el talante democrático del partido al abrirlo a los militantes y confiar en que entre todos optarán por el mejor candidato.
  • Empoderamiento de la militancia. La mayor participación de los militantes en los procesos de toma de decisiones del partido repercute en una mayor implicación en la campaña y en el resultado, fortaleciendo el compromiso partidista, que será muy útil para las futuras elecciones activando al militante.
  • Resetear al partido. Cuando en una formación política hay voces discordantes, problemas internos, debates ideológicos aplazados y desconexión entre las bases y las élites, las primarias son una forma saludable de aflorar estas cuestiones para abordarlas y relanzar y regenerar al partido.
  • Es el mejor ensayo electoral ya que se elige, supuestamente, al candidato más preparado y conocemos cómo será su comportamiento en la campaña electoral, siendo también un termómetro del interés despertado entre la opinión pública por nuestro partido y candidato.
  • Marca la agenda mediática. Durante el proceso se dan a conocer los candidatos, las propuestas de cada uno de ellos, se habla del partido… es decir, se posiciona y prepara al candidato entre los ciudadanos/electores. Eso sí, el “ruido” mediático debe ser positivo.
  • Las primarias favorecen la circulación de las élites ya que, cuando los líderes de un partido se eligen  directamente  por  los  afiliados,  se  reduce  la  probabilidad  de  que  se  vuelvan  a presentar; y cuando lo hacen, las primarias reducen la probabilidad de que los líderes en el cargo sean reelegidos.

Sin embargo, también nos encontramos con detractores de este sistema de elección en base a  estas ideas:

  • Personalización de la política. Se conoce a los candidatos por su nombre, pero no tanto por sus proyectos, que quedan a menudo escondidos, ya que al ser del mismo partido, las propuestas suelen ser muy similares.
  • Las primarias sólo giran en torno a la elección de personas y no al debate de ideas, siendo un proceso electoral más en el que sólo importa quién gana, poniéndose el foco en el espectáculo en lugar de cuál es la mejor propuesta programática para alzarse con el poder.
  • Los recursos de los que disponga cada candidato (humanos; financiación; ser cargo orgánico, público o militante de base; clientelismo territorial…), son un elemento de desequilibrio entre aspirantes y pueden determinar el resultado.
  • Las primarias alimentan el faccionalismo y la división interna. Se corre el riesgo de que las rivalidades y luchas internas salgan a la luz o se potencien diluyendo las ventajas de las primarias y acaben dañando la imagen del partido y/o candidatos. Por ello es fundamental la gestión posterior del resultado que hagan los candidatos ganadores, aunque cuando la división interna de un partido ha  superado  un  umbral  determinado,  ni  las  primarias  impiden  la ruptura.

Parafraseando a Winston Churchill, quien dijo en la Cámara de los Comunes en 1947 que la democracia era el menos malo de los sistemas políticos, puede que las primarias sean el método menos malo de elección de líderes.

Éste artículo ha sido escrito para “La Revista de ACOP”, número 16, de mayo de 2017.

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La izquierda española ante su mayor desafío

Feb 07

La izquierda española ante su mayor desafío

Aunque se dice que la socialdemocracia lleva en crisis desde que nació, no es ninguna sorpresa que en los últimos años no atraviesa su mejor momento. Sin necesidad de recurrir al paradigmático hundimiento del PASOK,  el SPD alemán no supera desde hace años el 25% de votos, el Partido Socialista Francés podría bajar hasta la cuarta o quinta posición en las próximas elecciones de abril y, según un estudio de la Sociedad Fabiana, el Partido Laborista podría caer hasta el 20% del voto, diez puntos menos que en 2015.

España tampoco es ajena a este contexto europeo de devaluación de la marca socialdemócrata y el PSOE ha pasado del 46% del voto en 2008 –último año en que ganó las elecciones- al 22% de los últimos comicios en 2016. En el caso español, como agravante, asistimos al mayor proceso de transformación política desde la transición a la democracia de finales de los setenta.

El hundimiento del sistema financiero de 2008 provocó en nuestro país también el estallido de la burbuja inmobiliaria dando lugar a una crisis no sólo económica, sino política, social, institucional y territorial. La gestión de la crisis del gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero fue semejante a la que implementaron los partidos liberales y conservadores europeos, con políticas de austeridad y reformas laborales que determinaron un descenso salarial, lo que provocaría más adelante un gran descenso electoral y pérdida de militancia.

En paralelo, surgieron  movimientos como el de los “indignados” o 15M (recordado por su acampada en la Puerta del Sol de Madrid durante casi un mes) que demandaban una democracia más participativa así como una mayor transparencia y otras mejoras del sistema democrático.

En enero de 2014 se presentaba en sociedad Podemos, un nuevo partido liderado por Pablo Iglesias, heredero del movimiento 15M, que rechazaba una determinada adscripción ideológica y se definía como antiestablishment. Lo cierto es que esta formación, además de los movimientos sociales, nació articulada por el partido Izquierda Anticapitalista y algunos la califican de populista de izquierdas.

La aparición de nuevos partidos  -el mencionado Podemos y el autocalificado liberal progresista Ciudadanos- amenazaba el tradicional bipartidismo PP-PSOE, pero lo que significaba realmente era el fin de la unidad del electorado de izquierda.

La nueva situación política, en lugar de hacer reaccionar a los partidos tradicionales y servirles de estímulo, les puso a la defensiva, no sabiendo leer los motivos del abandono de su electorado, y no siempre para irse a otro partido.

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Elogio de la lectura en la política

Feb 02

Elogio de la lectura en la política

El ya fallecido ex primer ministro francés Michel Rocard decía que “los políticos son una categoría de la población acosada por la presión del tiempo. Ni noches libres ni fines de semana tranquilos, ni un solo momento para leer, cuando la lectura es la clave de la reflexión”.

Es cierto que los políticos carecen de tiempo, son demandados para estar en varios sitios a la vez y la lista de tareas nunca se acaba por lo que siempre deberían estar trabajando dando prioridad a la importante labor pública frente al secundario ocio y desconexión personal. Por otra parte, hoy en día la política está totalmente mediatizada, sufre el fast think de las redes sociales y el culto a la imagen del resto de medios de comunicación frente a la reflexión y maduración de las ideas.

Sin embargo, igual que cuidamos nuestra apariencia física y hacemos ejercicio, deberíamos dedicar tiempo a la lectura (ya se sabe, aquello de mens sana in corpore sano). Leer no sólo puede ser un agradable pasatiempo, sino que favorece la concentración y la empatía, alimenta la imaginación, modifica (para bien) el cerebro, nos hace progresar y mejora nuestra oratoria.

El expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, en una de sus últimas entrevistas, afirmaba para el The New York Times que si consiguió sobrevivir a los años en la Casa Blanca fue, justamente, gracias a los libros: “No sé si los libros me hicieron un mejor presidente, pero sí estoy seguro de que favorecieron mi equilibrio”.

La lectura ha sido una constante a lo largo de su vida: herramienta crucial para definir en qué creía al empezar su adolescencia; en sus últimos dos años de licenciatura, en un periodo de introspección, leyendo filosofía para desintegrar y poner a prueba sus creencias; las biografías de presidentes anteriores para conocer mejor el reto de enfrentarse a la presidencia a diario; y así hasta la actualidad, en que prácticamente cada noche en la Casa Blanca leía durante una hora, desde literatura de ficción contemporánea, pasando por novelas clásicas hasta ensayos.

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Los hologramas irrumpen en la política

May 06

Los hologramas irrumpen en la política

El pasado 10 de abril tuvo lugar en Madrid la primera manifestación de hologramas celebrada en el mundo. El objetivo era protestar contra la Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana, la denominada “Ley Mordaza”. Esta llamativa protesta virtual consistió en la proyección de imágenes tridimensionales en una pantalla, durante más de una hora, de personas con carteles y lemas frente al Congreso de los Diputados. Los participantes no estaban físicamente en las calles, pero sí sus imágenes, cánticos y gritos de protesta.

Una vez más, la tecnología puesta al servicio de la reivindicación y el activismo político. La iniciativa partió de la plataforma ‘No somos delito’, que recogió durante dos semanas a través de la web www.hologramasporlalibertad.org las imágenes escaneadas de miles de personas de todo el mundo (España, Rusia, México, Argentina, Chile, Francia, Reino Unido, Francia, Holanda, Alemania…) que quisieran sumarse a este acto de protesta.

holograma

El holograma fue inventado en 1947 por el húngaro Dennis Gabor, que recibió por este desarrollo el Premio Nobel de Física y, hasta la fecha, su uso había estado vinculado a ciertas tareas tecnológicas y películas de ciencia ficción (¿quién no recuerda las apariciones de la princesa Leia en La Guerra de las Galaxias?). La holografía es una técnica avanzada de fotografía que consiste en crear imágenes tridimensionales, creando la ilusión óptica de presencia real. Para obtener un holograma dinámico y en alta definición, se captura la información 3D mediante la filmación de un objeto desde múltiples ángulos, con 16 cámaras que toman una imagen del objeto cada segundo. Los 16 puntos de vista son procesados en un píxel holográfico por un ordenador, que envía una señal a dos haces de láser pulsado que graban los datos en el material de registro. Para generar una imagen que cambie prácticamente en tiempo real es necesario hacer los píxeles mucho más pequeños, tan diminutos como para meter unos 2.000 en un milímetro cuadrado.

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¿Cuál es el futuro de la izquierda en España?

Dic 09

¿Cuál es el futuro de la izquierda en España?

El pasado 3 de diciembre veía la luz una nueva revista sobre política: Beerderberg Magazine. Dirigida por los amigos Xavier Peytibi y Pedro Casado, surge del nexo personal creado por los encuentros Beers&Politics y que estas iniciativas generen contenidos que ayuden a promocionar la comunicación política.
En este primer número he tenido el placer de escribir el artículo que reproduzco a continuación y también podéis encontrar otros de Ralph Murphine, Antoni Gutiérrez Rubí, Luis Arroyo, Jorge Galindo, Rafa Laza, Jaume Duch, Albert Medrán, Ana Polo o Fernando Cuñado.
Como mencionaba Antoni Gutiérrez Rubí en un reciente post, Beerderberg se une a la lista de revistas recomendables sobre comunicación política como DIRCOM, El Molinillo de ACOP, Más Poder Local, Campaigns & Elections en Español… Por tanto, muchas gracias por contribuir a nuestra querida profesión y mucha suerte en esta nueva andadura.

¿Cuál es el futuro de la izquierda en España?

En nuestras sociedades líquidas, ¿qué significa hoy ser de izquierdas?, ¿tiene sentido seguir hablando de izquierda y derecha?, es más, en el actual contexto sociopolítico en que vivimos, ¿no ha cambiado la tradicional fractura ideológica por la de los partidos tradicionales frente a los “regeneradores”?

Estas son sólo algunas interrogantes que nos planteamos ante el complejo escenario político y electoral que nos depara el 2015 en el que el modelo político nacido de la Transición de 1978 parece haberse quedado obsoleto de un día para otro.

En las últimas elecciones europeas, los partidos  socialdemócratas sólo consiguieron superar el 20% del voto en diez de los 28 países de la Unión Europea. Sin embargo, según el Estudio Internacional de la Fundación BBVA Values and Worldviews (2013), el 74% de la población de nuestro país rechaza el sistema capitalista como forma de organización política y social, atribuyendo como culpable de las desigualdades sociales a la economía de mercado.

Si el causante de la crisis parece claro que lo encontramos en el sistema capitalista y la hegemonía neoliberal, ¿por qué éste sigue campando a sus anchas imponiendo las respuestas económicas y sociales que debilitan los principios fundamentales de nuestras democracias, empequeñecen a los partidos de izquierda y propicia el ascenso de soluciones ultraderechistas, antieuropeas y populistas?

¿Por qué ante un clima tan propicio, aparentemente, para los partidos de izquierda, éstos no encuentran soluciones atractivas que ofrecer a los votantes? Por tanto, ¿cuál es su futuro electoral? Para responder a todas estas preguntas, volvemos a interrogarnos con la pregunta con la que iniciaba este artículo: ¿qué es la izquierda?

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