Cómo escribir un discurso de éxito

Jul 20

Cómo escribir un discurso de éxito

* Artículo escrito para el número especial de “La revista de ACOP” (nº 29, julio 2018), sobre el V Encuentro Internacional de Comunicación Política #ACOPBilbao2018.

La conferencia de clausura del V Encuentro ACOP Bilbao 2018 corrió a cargo del periodista y escritor Philip Collins. El británico fue el escritor principal de discursos de Tony Blair y actualmente es columnista en The Times y jefe ejecutivo del centro de estudios de centro izquierda Demos. Ha escrito los libros “The Art of Speeches and Presentations” y “When they go low, we go high”.

En su intervención afirmó que él entiende la política en un sentido retórico, es decir, que tiene que persuadir, ganarse al público, a diferencia de los populismos que te dicen lo que quieres escuchar o las autocracias donde el tirano hace lo que quiere.

Entendiendo, por tanto, la política como la concibieron los clásicos -las referencias a Pericles, Platón, Cicerón, etc. fueron constantes en su intervención-, afirmó que la democracia es el arte de la persuasión. Así, nos brindó cinco puntos para tener éxito en un discurso.

En primer lugar, pensar en la audiencia. Identificar al público al que nos dirigimos y adaptarnos a él para que nos entienda. Actualmente, muchos políticos y personajes públicos tienen como referencia al expresidente estadounidense Barack Obama, pero no es posible que todos hablen como él porque no comparten su trayectoria vital, que es algo especial de cada persona. Es decir, el contexto es fundamental ya que nos ofrece un marco interpretativo. Por ese motivo, es más difícil escribir discursos memorables cuando todo funciona bien. Los discursos que solemos recordar igual no son los mejores, pero sí los que se producen en situaciones especiales, pronunciados en momentos que calificamos de históricos.

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Pedro Sánchez ante su mejor oportunidad

Jun 13

Pedro Sánchez ante su mejor oportunidad

* Artículo publicado en “The Progressive Post”, publicación de la Foundation for European Progressive Studies (FEPS), en un especial para el público europeo sobre el nuevo panorama político español: Pedro Sánchez is facing his best opportunity.

 

Hace apenas tres semanas, los sondeos situaban al PSOE como cuarta fuerza política, detrás de Ciudadanos, Podemos y el Partido Popular (PP), y el liderazgo de Pedro Sánchez se desvanecía. Sin embargo, el 24 de mayo se produjo un hecho que precipitaría unos acontecimientos que han dado la vuelta a todo el panorama político español en apenas una semana.

Ese 24 de mayo la Audiencia Nacional condenaba a varios políticos del PP y al propio partido en uno de los numerosos casos de corrupción que tiene abiertos. Esta sentencia confirmó lo que muchos ciudadanos sospechaban, que el PP se había lucrado y financiado ilegalmente sus campañas electorales, y desencadenó una serie de sucesos que Mariano Rajoy ni se imaginaba cuando el día anterior conseguía que los presupuestos se aprobaran en el Congreso garantizando su presidencia hasta las próximas elecciones de 2020.

En este contexto de indignación generalizado, el primero que dio un paso al frente para intentar desalojar al PP del poder fue el PSOE a través de una moción de censura, es decir, que el Congreso retire su confianza al presidente del Gobierno forzando su dimisión. En España la moción de censura es constructiva porque el grupo que la eleva propone a su vez un nuevo presidente del Gobierno que debe ser respaldado por mayoría absoluta (176 de los 350 diputados); y continuista porque no supone el adelanto de las elecciones, sino que continúa inalterado el calendario electoral. Era la cuarta que se presentaba en cuarenta años de democracia y ninguna había salido adelante.

La primera moción de censura de nuestra joven democracia fue en mayo de 1980. Presentada por el grupo parlamentario socialista contra el Gobierno de Adolfo Suárez, el candidato propuesto fue Felipe González y, aunque la perdió, fue percibido por los ciudadanos como alternativa de gobierno, ganando las elecciones dos años después. La segunda moción de censura fue presentada por Alianza Popular -la anterior marca del Partido Popular- contra el gobierno socialista de Felipe González en marzo de 1987. Esta moción de censura se presentó justo un mes después del debate sobre el estado de la nación en el que no había podido intervenir el nuevo presidente de Alianza Popular (AP), Antonio Hernández Mancha, por no ser diputado. Ese fue precisamente uno de los motivos para promoverla, dar a conocer al nuevo dirigente de AP, pero si a Felipe González la moción le sirvió de trampolín, para Hernández Mancha significó su tumba política ya que dos años después se refundaría el partido nombrando como nuevo líder a José María Aznar. La tercera moción de censura fue presentada por Pablo Iglesias de Unidos Podemos contra Mariano Rajoy, a sabiendas de que no contaba con los apoyos necesarios, en junio de 2017, con el objetivo de convertirse en el principal partido de la oposición y marcarle el terreno al PSOE.

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Entrevistas

Oct 06

Estos días he realizado varias entrevistas por diferentes motivos que quiero compartir con vosotros: mi selección entre los cien profesionales políticos más influyentes en los Victory Awards 2017, mi despedida como director de “La revista de ACOP” y la situación política en Cataluña. Evidentemente, sobre todo en las dos primeras, he hablado de muchas más cosas como la defensa de la profesionalización de la comunicación política, el trabajo de los políticos, series políticas…

En los enlaces de cada una de las fotografías tenéis los accesos directos para poder leerlas:

Entrevista en “El día de Segovia”, páginas 24-26 (30 de septiembre de 2017).

Entrevista en “La revista de ACOP” nº 20 de octubre de 2017, páginas 22-27.

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Próximas tendencias tecnológicas para las campañas electorales

Sep 11

Próximas tendencias tecnológicas para las campañas electorales

Lo fundamental de una campaña electoral, lo que verdaderamente importa, es el mensaje y relato político. Sin embargo, para que nuestra narrativa llegue mejor a los potenciales votantes, necesita del envoltorio del marketing político que ayude a que nuestro candidato o candidata tenga más presencia en medios de comunicación, una imagen adecuada, conozca cuál es el mensaje idóneo para una audiencia segmentada, etc. Porque tampoco debemos olvidar que el fin último de las campañas electorales es ganar, motivo por el cual las campañas electorales constantemente están integrando nuevas técnicas e instrumentos.

Por tanto, todos los profesionales que trabajan en campañas electorales y comunicación política deben estar a la última en cuanto a innovaciones que consigan trasladar más y mejor el mensaje de su cliente/candidato.

Superado el boom del amplio abanico de posibilidades que ofrecen las diferentes redes sociales (y las que aparecerán en los próximos años), en los últimos tiempos hemos asistido a novedades como la aparición de un candidato en varios escenarios gracias a los hologramas, la gamificación como alternativa de comunicación, las apps móviles, la neurociencia aplicada a la política, el activismo digital, la financiación vía micromecenazgo o la evolución de la analítica de datos, por citar sólo algunas.

La aspiración de cualquier campaña es llegar a cuanta más gente mejor, pero a través de una comunicación personalizada. Por eso, las principales innovaciones que nos encontraremos en el futuro girarán en torno al video y al big data.

En cuanto al vídeo, hace unas semanas Facebook lanzó una nueva sección (“Watch”) dedicada a videos grabados y en vivo, una amenaza potencial para YouTube y otros servicios de video. Este hecho pone de manifiesto que el video y las tecnologías visuales están cobrando cada vez más importancia a la hora de interactuar. La próxima generación de productos y servicios de consumo permitirá acercar eventos en vivo a los usuarios, poder grabar cualquier espectáculo y personalizarlos, ofreciendo tanto experiencias de uso a los hogares conectados, como creación de contenido más dinámico, lo que abre múltiples posibilidades en la acción política.

Ya existen agencias trabajando en estas posibilidades aplicadas a las campañas electorales. Por un lado, en realidad virtual, explorando mundos generados completamente por ordenador, una experiencia inmersiva desconectada de la vida real, pero con apariencia de realidad. Por otro, en realidad aumentada, es decir, añadiendo una capa de realidad virtual encima del mundo real. Y en video 360º o inmersivo que deja una huella más duradera que el video normal.

Respecto al big data, la analítica de datos seguirá permitiéndonos mejorar nuestra estrategia y personalizar más la comunicación, por lo que la captación y tratamiento de datos para segmentar audiencias y mensajes tendrán gran desarrollo.

En los últimos años, la analítica de datos políticos ha avanzado desde el microtargeting a la verdadera ciencia de datos predictivos.  Actualmente, los expertos en computación están utilizando cantidades masivas de datos, modelos complejos y algoritmos avanzados (no sólo fundamentados en bases de datos públicas y privadas atendiendo a identificaciones demográficas y económicas, sino al análisis semántico y emocional de las conversaciones en redes sociales) para entender el comportamiento del público durante las campañas electorales.

El método de Cambridge Analytica -la polémica consultora británica que ayudó a Trump a ganar las elecciones y en la victoria del brexit-, utiliza técnicas de Deep Learning para identificar rasgos de personalidad, además del modelo de datos y el desarrollo de perfiles psicográficos para aumentar el público, identificar a los principales líderes de opinión y conectar con personas apelando a una reacción. Según su CEO, Alexander Nix, si eres un adulto que vive en Estados Unidos, esta compañía tiene un perfil específico sobre tu personalidad y sabe qué mensaje puede ser más persuasivo para ti a la hora de decidir tu voto.

La importancia del big data y la capacidad creciente para analizar e interpretar estos datos resulta indiscutible, pero el debate se sitúa en el eje ético de la utilización de ellos, su análisis y repercusión, máxime cuando se trata de información almacenada en manos privadas. La amplitud de este tipo de técnicas no sólo se puede enfocar en campaña electoral sino que puede cambiar el modo real en el que se hace política.

Pero además de estas innovaciones, motivado por la aparición de las noticias falsas, los ataques cibernéticos, los bots y la manipulación de los medios sociales, las campañas electorales se han convertido en un escenario en el que no sólo está en juego la integridad de las elecciones sino del funcionamiento de la democracia. Además, estas amenazas no tienen por qué proceder de otros países, sino de la propia nación (grupos radicales que busquen hackear, robar y publicar material privado para perjudicar o favorecer a otro candidato próximo a sus intereses) por lo que la ciberseguridad se antoja, además, un requisito imprescindible en las futuras citas electorales.

Éste artículo ha sido escrito para “La Revista de ACOP”, número 19, de septiembre de 2017.

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Donald Trump ¿Y si no fuera tan tonto?

Feb 02

Donald Trump ¿Y si no fuera tan tonto?

Desde que anunció su candidatura a las primarias del partido republicano para optar a la presidencia de los Estados Unidos y, sobre todo, desde que ganara la nominación claramente frente a sus otros 16 rivales republicanos para enfrentarse a Hillary Clinton, los medios de comunicación se han entretenido en desacreditar a Donald Trump poniendo de manifiesto su inexperiencia como político, escasa formación, desconocimiento del funcionamiento de la administración, ignorancia en política internacional o economía… todo ello para desacreditarle como candidato. Es cierto que sus declaraciones polémicas, tuits controvertidos y el vídeo en el que habla de forma grosera y machista sobre las mujeres también han contribuido a generar una actitud burlesca hacia el millonario. Y a nivel personal, se le ha definido como egocéntrico, caprichoso, ignorante, homófobo, racista, misógino, abusón o niño malcriado convirtiéndole en un personaje caricaturesco.

A pesar de ello, consiguió ganar las elecciones y proclamarse presidente de los Estados Unidos. Acostumbrados a que los políticos se desdigan de lo prometido durante la campaña electoral, una vez alcanzado el poder, las primeras medidas de Trump en la Casa Blanca están siendo sus tan cacareadas promesas electorales de desmontar la reforma sanitaria de su predecesor (Obamacare), establecer la construcción del muro fronterizo con México, cumplir escrupulosamente las leyes migratorias, retirarse del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) con la región Asia-Pacífico o iniciar la construcción de dos oleoductos -paralizados por Obama por sus efectos climáticos-.

Por tanto, mientras nos tiene pendientes de sus tuits y entretenidos con sus “hechos alternativos”, el populista y antiestablishment Trump, en su primera semana en el despacho oval, ha iniciado su agenda reformista para mayor regocijo de Wall Street cuyo Dow Jones alcanza un record histórico.

Donald Trump es el presidente que más decretos ha firmado en su primera semana en el cargo, 17, imponiendo sus políticas a través de órdenes ejecutivas hurtando el debate en el Congreso.

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