Próximas tendencias tecnológicas para las campañas electorales

Sep 11

Próximas tendencias tecnológicas para las campañas electorales

Lo fundamental de una campaña electoral, lo que verdaderamente importa, es el mensaje y relato político. Sin embargo, para que nuestra narrativa llegue mejor a los potenciales votantes, necesita del envoltorio del marketing político que ayude a que nuestro candidato o candidata tenga más presencia en medios de comunicación, una imagen adecuada, conozca cuál es el mensaje idóneo para una audiencia segmentada, etc. Porque tampoco debemos olvidar que el fin último de las campañas electorales es ganar, motivo por el cual las campañas electorales constantemente están integrando nuevas técnicas e instrumentos.

Por tanto, todos los profesionales que trabajan en campañas electorales y comunicación política deben estar a la última en cuanto a innovaciones que consigan trasladar más y mejor el mensaje de su cliente/candidato.

Superado el boom del amplio abanico de posibilidades que ofrecen las diferentes redes sociales (y las que aparecerán en los próximos años), en los últimos tiempos hemos asistido a novedades como la aparición de un candidato en varios escenarios gracias a los hologramas, la gamificación como alternativa de comunicación, las apps móviles, la neurociencia aplicada a la política, el activismo digital, la financiación vía micromecenazgo o la evolución de la analítica de datos, por citar sólo algunas.

La aspiración de cualquier campaña es llegar a cuanta más gente mejor, pero a través de una comunicación personalizada. Por eso, las principales innovaciones que nos encontraremos en el futuro girarán en torno al video y al big data.

En cuanto al vídeo, hace unas semanas Facebook lanzó una nueva sección (“Watch”) dedicada a videos grabados y en vivo, una amenaza potencial para YouTube y otros servicios de video. Este hecho pone de manifiesto que el video y las tecnologías visuales están cobrando cada vez más importancia a la hora de interactuar. La próxima generación de productos y servicios de consumo permitirá acercar eventos en vivo a los usuarios, poder grabar cualquier espectáculo y personalizarlos, ofreciendo tanto experiencias de uso a los hogares conectados, como creación de contenido más dinámico, lo que abre múltiples posibilidades en la acción política.

Ya existen agencias trabajando en estas posibilidades aplicadas a las campañas electorales. Por un lado, en realidad virtual, explorando mundos generados completamente por ordenador, una experiencia inmersiva desconectada de la vida real, pero con apariencia de realidad. Por otro, en realidad aumentada, es decir, añadiendo una capa de realidad virtual encima del mundo real. Y en video 360º o inmersivo que deja una huella más duradera que el video normal.

Respecto al big data, la analítica de datos seguirá permitiéndonos mejorar nuestra estrategia y personalizar más la comunicación, por lo que la captación y tratamiento de datos para segmentar audiencias y mensajes tendrán gran desarrollo.

En los últimos años, la analítica de datos políticos ha avanzado desde el microtargeting a la verdadera ciencia de datos predictivos.  Actualmente, los expertos en computación están utilizando cantidades masivas de datos, modelos complejos y algoritmos avanzados (no sólo fundamentados en bases de datos públicas y privadas atendiendo a identificaciones demográficas y económicas, sino al análisis semántico y emocional de las conversaciones en redes sociales) para entender el comportamiento del público durante las campañas electorales.

El método de Cambridge Analytica -la polémica consultora británica que ayudó a Trump a ganar las elecciones y en la victoria del brexit-, utiliza técnicas de Deep Learning para identificar rasgos de personalidad, además del modelo de datos y el desarrollo de perfiles psicográficos para aumentar el público, identificar a los principales líderes de opinión y conectar con personas apelando a una reacción. Según su CEO, Alexander Nix, si eres un adulto que vive en Estados Unidos, esta compañía tiene un perfil específico sobre tu personalidad y sabe qué mensaje puede ser más persuasivo para ti a la hora de decidir tu voto.

La importancia del big data y la capacidad creciente para analizar e interpretar estos datos resulta indiscutible, pero el debate se sitúa en el eje ético de la utilización de ellos, su análisis y repercusión, máxime cuando se trata de información almacenada en manos privadas. La amplitud de este tipo de técnicas no sólo se puede enfocar en campaña electoral sino que puede cambiar el modo real en el que se hace política.

Pero además de estas innovaciones, motivado por la aparición de las noticias falsas, los ataques cibernéticos, los bots y la manipulación de los medios sociales, las campañas electorales se han convertido en un escenario en el que no sólo está en juego la integridad de las elecciones sino del funcionamiento de la democracia. Además, estas amenazas no tienen por qué proceder de otros países, sino de la propia nación (grupos radicales que busquen hackear, robar y publicar material privado para perjudicar o favorecer a otro candidato próximo a sus intereses) por lo que la ciberseguridad se antoja, además, un requisito imprescindible en las futuras citas electorales.

Éste artículo ha sido escrito para “La Revista de ACOP”, número 19, de septiembre de 2017.

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‘Millennials’ y el choque generacional

Jul 17

‘Millennials’ y el choque generacional

Solemos hablar de generaciones para definir a un conjunto de personas que, al haber nacido en fechas próximas, viven experiencias educativas, culturales y sociales similares y se comportan de manera más o menos análoga. Aunque la propia sociología es crítica con esta modelización, la generalización nos permite ordenar y clasificar y nos ayuda a establecer características, tendencias y comportamientos.

Actualmente, la generación de moda, la que está en boca de todos es la Generación Y, los millennials —los nacidos entre 1982 y 1998—, denominados así porque se hicieron adultos con el cambio del milenio.

Como sucede en cualquier otra generación, no es un grupo tan homogéneo ya que los que actualmente tienen 18 años, a la fuerza, no compartirán las experiencias vitales de los de 35 años. Sin embargo, no hemos dudado a la hora de definirles a todos como individualistas, superficiales, egocéntricos, narcisistas, consentidos, faltos de compromiso, obsesionados con las redes sociales… Una categorización no exenta de prejuicios. Una vez más, acostumbramos a despreciar o ignorar lo que no entendemos.

La paradoja es que, a la vez que les juzgábamos de esta manera, también les calificábamos como «la generación más preparada de la historia». Lo cierto es que, como otras generaciones, tiene sus peculiaridades y sus diferencias con las anteriores:  no ven mucho la televisión porque prefieren ver series y películas en su tablet u ordenador, no compran periódicos pero se informan a través de internet, tampoco compran discos pero abarrotan conciertos, y son esencialmente digitales, multipantallas y adictos a las apps y a las redes sociales. Podemos afirmar que son el mejor ejemplo de la «economía compartida» (Uber, BlaBlaCar, Airbnb, Spotify, Netflix…) y, de la misma manera que lo hacíamos antes, también podemos definirlos como críticos, exigentes, reformistas, poco materialistas, comprometidos, digitales y participativos. Los valores que los definen, transparencia, sostenibilidad, participación, colaboración y compromiso social les llevan a aproximarse de forma diferente a cómo entienden las generaciones anteriores la política, la economía y la sociedad y, en general, el compromiso colectivo.

El 15 de mayo de 2011 miles de jóvenes salieron a la calle en numerosas ciudades españolas para expresar su descontento y reclamar una nueva forma de hacer política y otra política económica —más social, justa e igualitaria— para hacer frente a la crisis. Hoy, seis años después, la tasa de paro entre los jóvenes es del 40%, y los que trabajan sufren la precarización estructural y la contracción salarial. No serán la primera generación que viva peor que sus padres (quizá los ya no tan jóvenes, integrantes de la Generación X, tengan ese dudoso honor) sino que, por desgracia, su futuro dependerá más de la riqueza de sus padres que de sus propios esfuerzos. Reciben una herencia mixta y a veces contradictoria: un espacio de libertades consolidado pero también una incertidumbre mayúscula respecto al progreso; un mundo hiperconectado pero con más pulsiones proteccionistas que nunca; un mundo con pocas barreras al acceso y muchas a la elección…

Por tanto, independientemente de las características intrínsecas como generación, podemos afirmar que, cuando se les ha excluido del relato vital que conocían a través de sus padres (una carrera universitaria que garantizara una buena salida profesional, sueldos con los que poder independizarse y acceder a una vivienda y tener familia), han emprendido un camino de diferenciación, adoptando actitudes y comportamientos (electorales, en el consumo, en la forma de vida…) que tienen en común el distinguirse de lo que dicen y hacen sus mayores.

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Radiografía política de los millennials españoles: desconfianza en los políticos, pero no en la política

Jun 05

Radiografía política de los millennials  españoles: desconfianza en los políticos, pero no en la política

Millennials, Generación Y, Generación del Milenio, Generation We, Global Generation, Generation Next… todos estos nombres son utilizados para denominar al grupo demográfico  que incluye a los nacidos entre 1982 y 1998 -aunque también existen discrepancias respecto a cuándo empieza y cuándo termina este periodo-.

Hijos del baby boom, considerados la primera generación nativa digital, se les llama así debido a que se hicieron adultos con el cambio del milenio (en plena prosperidad económica, antes de la crisis), aunque la expresión se puso de moda en 2013, cuando la revista Time publicó en su portada el artículo Millennials: The Me Me Me Generation.

Si se habla tanto de ellos es por su importancia estadística: son 83 millones de personas en Estados Unidos, más de 51 millones en Europa y en España más de ocho millones, el 18% de la población total. Según diversos informes globales, en 2025 supondrán más del 70% de la fuerza laboral del mundo desarrollado.

Lo cierto es que este grupo que ahora tienen entre 18 y 35 años, son la generación de moda, los últimos en incorporarse a la vida adulta plena, al mundo laboral y cada poco tiempo se publican informes para conocer sus comportamientos y actitudes sobre su relación con las nuevas tecnologías, el ocio y la cultura, el trabajo, la banca, etcétera.

En este sentido, la Fundación Felipe González ha presentado los resultados del informe Millennial Dialogue Spain, un proyecto transatlántico de la Foundation for European Progressive Studies (FEPS) y el Center for American Progress que aplica técnicas de investigación conectada para comprender y entender a los millennials  en un contexto democrático.

El proyecto Millennial Dialogue es la encuesta internacional de millennials con más alcance llevada a cabo. Se trata de un estudio comparativo realizado en más de 20 países (desde Francia, Italia, Reino Unido, Alemania o Bulgaria, pasando por Canadá, Estados Unidos y Chile hasta Turquía, Sudáfrica, Senegal o Australia) por fundaciones socialdemócratas con el objetivo de encontrar conjuntamente una solución sobre cómo volver a involucrar a los jóvenes en la política, comprender sus actitudes y ofrecer una nueva agenda progresista que reduzca la brecha entre la socialdemocracia y los jóvenes para construir y dar forma a las instituciones democráticas que se adapten a las necesidades del siglo XXI.

La Fundación Felipe González es el único socio español de una iniciativa que intenta superar los estereotipos y lugares comunes sobre esta generación para proporcionar información de gran calidad sobre las aspiraciones, prioridades y valores de estos jóvenes, centrándose especialmente en la política.

Según los datos de este informe, el retrato generacional de los millennials  españoles es que están poco interesados por la política. El 51% está poco o nada interesado frente al 16% que está muy interesado (24% en Turquía, 20% en Alemania, 19% en Italia, 18 % en Austria, 16% en EE.UU. o 6% en Hungría) y su inclinación por la política se sitúa en el último lugar de una lista de preferencias donde prima ser feliz o tener buena salud.

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De Breitbart a la Casa Blanca: las fake news como estrategia electoral

Feb 21

De Breitbart a la Casa Blanca: las fake news como estrategia electoral

Después de la victoria electoral de Donald Trump hemos tenido ocasión de leer muchos análisis sobre las claves de su victoria y las causas de la derrota de su rival Hillary Clinton. La arrolladora personalidad del millonario ha eclipsado todo lo relacionado con su campaña, pero ahora, ya instalado en la Casa Blanca, hemos empezado a mirar con más detenimiento a quien estaba detrás de su estrategia electoral.

A lo largo de la campaña electoral se ha dicho que Trump carecía de estrategia, más allá del populismo y la crítica antiestablishment, y no tenía más programa electoral que su propia personalidad. Pero lo cierto es que ha sabido diferenciarse, primero, de sus rivales en las primarias republicanas y luego de su contrincante demócrata, con un estilo comunicativo que rompía radicalmente con la habitual estrategia de la clase política estadounidense. Antoni Gutiérrez Rubí defiende que “las formas son fondo” y no ha podido quedar más demostrado en la estrategia de Trump, marcada  por la teoría de la conspiración y la confusión, calificando a los medios tradicionales de ofrecer información sesgada -o, directamente, falsa-, y sembrando la creencia generalizada de que todo estaba arreglado o politizado; “envenenando” la red utilizando una dialéctica chabacana y poco democrática de constantes insultos, descalificaciones y barbaridades altisonantes; y la publicación de noticias completamente falsas y sensacionalistas para obtener un efecto burbuja que se desarrolla al margen de todo mecanismo de control; todo ello para contribuir a la confusión, donde quien pierde es la verdad, dejando elegir “su verdad” (posverdad) al espectador en función de sus simpatías.

En esta heterodoxa estrategia ha tenido un papel fundamental Steve Bannon. De 62 años, Bannon, que es conocido por su enfrentamiento con la élite del Partido Republicano y fomentar las teorías conspiratorias, es un ex oficial de la Armada, ex banquero de Goldman Sachs, ex inversionista en Hollywood, y ex director del portal de noticias de extrema derecha Breitbart News –del que hablaremos a continuación-. Famoso por su postura ultranacionalista y acusado de antisemitismo, Bannon se unió a la campaña el 17 de agosto para sustituir a Paul Manafort, el experto estratega de Washington que tuvo como misión reconvertir al republicano en un candidato de perfil más tradicional. La apuesta final por el director de Breitbart demostró que Trump no tenía ninguna intención de moderar su discurso y que, por el contrario, estaba dispuesto a ir todo lo lejos que hiciera falta. Así, Bannon se convirtió en jefe de estrategia y consejero principal del presidente electo de Estados Unidos.

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Los candidatos franceses, a la conquista de YouTube

Feb 01

Los candidatos franceses, a la conquista de YouTube

El uso del vídeo, en general, y de YouTube, en particular, no es nuevo en comunicación política. Podemos afirmar que, de hecho, alcanzó su apogeo en 2008, con la campaña del “Yes, we can” que catapultó a Barack Obama a la Casa Blanca. Desde entonces, no hay candidato y/o partido que no disponga de su propio canal en YouTube.

Aunque la televisión sigue siendo el medio más demandado, las campañas miran cada vez más a Internet y YouTube para una segmentación más precisa de los votantes y su potencial viralidad. Los anuncios en televisión son anticuados, limitados en el tiempo y caros, mientras que YouTube permite a las campañas experimentar con una gama más amplia de longitudes, costes y puntos de conversación. Su facilidad de uso, bajo coste, capacidad de atracción, disponer de un canal alternativo, su carácter público y su componente de red social -lo que permite una accesibilidad global- así como su viralidad, hacen que YouTube se convierta en una herramienta de expresión muy valorada en campaña electoral.

Así lo han entendido los candidatos a las elecciones presidenciales francesas que, a menos de cuatro meses para la primera vuelta, afinan sus estrategias de comunicación en la que le están dando una importancia inusual a YouTube.

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