El humor como arma contra el terror

Mar 03

El humor como arma contra el terror

El atentado terrorista del pasado mes de enero contra la revista satírica Charlie Hebdo ha situado en la agenda política y mediática no sólo cuestiones de seguridad sino otras como dónde ubicar la sátira y la blasfemia dentro de los límites de la libertad de expresión, uno de los principales valores de la sociedad democrática, y la ambigüedad del sentido del humor.

Evidentemente, el humor en sí mismo no es peligroso, pero tiene el poder de ridiculizarlo todo. Hoy en día, cuando la censura sólo aviva la llama de la viralidad, se hace humor de casi todo, aunque la clave está en hacerlo con inteligencia y el marco con el que lo interpretemos. El problema aparece en cuanto que más irracional es una creencia, menos tolerancia tiene ante la crítica y, obviamente, ante el humor.

Por otra parte, a nadie se le escapa que, en la cruenta liga del terror, ha tomado la delantera a Al Qaeda el Estado Islámico (ISIS, Islamic State of Iraq and Syria). Saben explotar los recursos que brinda internet para crear y difundir la exhibición de sus atrocidades (vídeos, fakes, hoax) ofreciendo una yihad del siglo XXI a candidatos a muyahidines con poco Corán y muchas ganas de marcha y tiros como retrata satíricamente la película Four Lions.

En este sentido, y luchando con sus mismas armas, las audiovisuales, y mucho humor, ha surgido en Irak una serie de televisión, «Estado Mítico” (Dawlat al-Khurafa), que ridiculiza los abusos del Estado Islámico a lo largo de treinta episodios. La emisión, que está arrasando a través de la televisión pública Al-Iraquiya, no sólo expresa la extraordinaria capacidad de un pueblo en un país destruido por las guerras a enfrentarse a la violencia con humor corrosivo sino una forma de luchar contra la eficaz propaganda de los terroristas.

“Hacer que los televidentes se rían del ISIS les ayuda a superar el miedo” afirma Thaer Al-Hasnawi, guionista de la serie, quien compara su trabajo a combatir a los yihadistas en el campo de batalla. La trama es sencilla y, sea cual sea la última iluminación de los malvados dirigidos por su califa, Abu Bakr al Bagdadi (como prohibir el hielo o el uso de la navaja para el afeitado porque no existían en tiempos de Mahoma), el sentido común del iraquí de a pie les da el contrapunto de anacronismo y crítica satírica que sirve de parodia para contrarrestar con humor el terror que siembran en la realidad.

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